jueves, 30 de agosto de 2012

SU MAJESTAD DON JUAN CARLOS PALITO, ABUCHEADO POR LA PLEBE (Y MOLESTO CON EL CHÓFER)


Si es que estos súbditos son unos ingratos. Se digna el monarca acercarse a la sede de la DGT, y una horda de sindicalistas y otras gentes de mala vida (mala por la pérdida de poder adquisitivo, y, con los recortes, yendo a peor) se ponen a abuchearle como si fuera un tenor desafinando. A él, ese padre abnegado que procura (y logra) que su hija no tenga que poner el pie en una corte de justicia, a ese pozo de sensibilidad al que el paro juvenil le quita el sueño (tal como declaró en un acto en el que, por cierto, luego se durmió), al íntegro e inspirado "speaker" que nos acompaña en las cenas de Nochebuena recordándonos que todos los españoles somos iguales ante la ley -aunque no nos aclare luego de qué nacionalidad es él, que por ley es irresponsable, "ergo" no igual-, este pro-hombre, viéndose objeto de una berrea otoñal digna del celo del muflón pirenaico. ¡No hay derecho!



Y, claro, luego pasa lo que pasa, que este campechano hijo de Dios es, al fin y al cabo, humano, y con alguien tiene que pagar su frustración y estrés. Pito, pito, gorgorito, ... ¿a quién le toca? Pues, es ley de vida, a quien está más cerca, que en este caso es el chófer. ¡Toma bronca real!.



La lástima es no poder disfrutar de la "peta" (perdón por la vulgaridad, he querido decir "alocución") que le está dirigiendo el monarca al operario del volante. Teniendo en cuenta la claridad de conceptos de Su Majestad me imagino que algo así como "¡Aquí se hace lo que yo digo, y si digo que entres con el coche en las dependencias, entras, y si te digo que atropelles a las autoridades las atropellas, copón, que soy el Rey! ¡Vaya súbditos que tengo! ¡Luego se extrañan de que pase fuera todo el tiempo que puedo!"

¡Afortunado chófer, a quien los dioses han otorgado la ocasión de contribuir al desahogo de la ira borbónica! ¡Y vaya ira! O estoy cayendo en la sobreinterpretación de los ademanes regios, o en el segundo cinco del video "JuanCar" propina una campechana cachetada en el brazo al auriga que le ha dejado tan lejos de las autoridades que le han de cumplimentar. Eso es valor, reciedumbre y tradición patria, que la letra con sangre entra. ¡Este es nuestro Rey! Un hombre sencillo que no necesita ir bajo palio como aquel que ustedes ya saben. Un jefe enérgico y severo que cuando hay que dar una manguzada, la da, exponiéndose a que el empleado tenga también un mal dia y se la devuelva

¡No!, ¡eso no quiero ni pensarlo!, sería delito de sedición y probable motivo para fusilar allí mismo al osado.

Quiero pensar que éste se habrá deshecho en disculpas, que Su Majestad generosamente acabará por aceptar. Aquí todo se arregla con once palabritas: "Lo siento mucho, me he equivocado, y no volverá a ocurrir". Con unos latigazos en palacio y quizá el despido, todo arreglado.

¿Qué esperaba el errado chófer? ¿Corrección en el trato? El rey es inviolable, y si quiere descargar sobre la servidumbre -o sobre tí, atento lector- una "hondonada de hostias", está en su derecho y aquí no hay más que hablar ... ¿No entra sin el cinturón de seguridad puesto ... en plena sede de Tráfico? ¡Pues ya está dicho todo!

Olvidemos la anécdota, y cantemos todos a coro: "Precauciooooooón, amigo conductoooor, la monarquía es peligrooosssa ..."

¡Viva el Rey!
¡Y cuanto más lejos viva, mejor!
¡Al exilio!!! (y conduciendo él)

No hay comentarios:

Publicar un comentario