jueves, 23 de agosto de 2012

LOS TOROS Y RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO


Parece que en esta caverna ibérica que habitamos no hay progreso posible. En tiempos del rococó, Jovellanos, portavoz de una España ilustrada que no logró arraigar, abogaba por la abolición de la llamada "fiesta de los toros" (¡qué anti-español!, pensarán los incultos). Pues dos siglos después todavía se reúnen muchedumbres en esos siniestros patíbulos que son los cosos taurinos a deleitarse con el sufrimiento y muerte de un ser sintiente, algo a lo que -sin molestarse en argumentar- algunos llaman "cultura".

"Ecce toreador", hasta a un zombie le resultaría desagradable
Creo que era Javier Marías quien decía no hace mucho que ya no hay debate, que ya nada provoca reacciones enfrentadas, siempre útiles para retratar una sociedad y sus circunstancias. Cuando alguien como Rafael Sánchez Ferlosio se toma su tiempo para escribir un artículo (¡tardó un par de meses en escribir sobre la JMJ!) hay que leerlo dos o tres veces y, como poco, comentar la jugada, aunque sea en el bar con los colegas. Es así que Ferlosio publicaba en El País el pasado domingo 5 de agosto de 2012 un texto que en ningún caso debería pasar inadvertido: Patrimonio de la Humanidad. Está escrito con un ritmo y una agilidad mental fuera de toda discusión, pero es que además en el fondo del asunto aparecen una serie de cuestiones alrededor del, digamos, "problema taurino" que el autor de El Jarama arroja como un guante a la cara de los políticos e intelectuales carpetovetónicos que, con mejor o peor fortuna, defienden la llamada Fiesta Nacional. Y no sólo a ellos.

Para empezar, Ferlosio entra como un bulldozer en la cuestión "cultural". En un primer párrafo demoledor, el autor ya deja muy claro el planteamiento general de lo que a partir de ahí va desarrollando. Es casi imposible resumirlo (consulten el enlace, si tienen a bien) pero llama la atención que, ¡por fin!, alguien se cargue de un plumazo el sensiblero argumento de "la tortura no es cultura" al que se han agarrado insistentemente los antitaurinos catalanes para elevar la cuestión a su Parlamento y conseguir así la tan odiada, por el más rancio españolismo, prohibición de las corridas de toros. "A la mera palabra 'cultura' (dice Ferlosio) se le cuelga impropiamente una connotación valorativa de cosa honesta y respetable". Y más adelante entra a matar: "La cultura es desde siempre, congénitamente, un instrumento de control social o político-social cuando hace falta". Negar, pues, a la tauromaquia su carácter "cultural" no es suficiente. Y que conste en acta que un servidor considera lícita la compasión por el animal que sufre en el ruedo, pero el problema es de una dimensión bastante mayor que la de la simple burrada cruel. Es -anticipémoslo ya- una cuestión de dignidad humana.

Arte y cultura de la más fina ¿cómo no reconocerlo?
¿De dónde viene el equívoco? Simplemente, y así lo apunta nuestro hombre, de "esa actitud, tan del PSOE de González, de privilegiar la Cultura como cosa excelsamente democrática y así se ha popularizado la manía de estar viendo cultura por todas partes, con nuevas y baratas invenciones". Las generaciones de rojos y progres que nacieron después de la guerra civil pero aún tuvieron tiempo de correr delante de los grises, e incluso de dar con sus huesos en la cárcel, veían los toros como parte fundamental del "pan y circo" franquista. Y cuando parecía que el espectáculo moriría con nuestros abuelos, llegaron los años ochenta y con ellos el boom de la Cultura de la Transición (ver CT o la Cultura de la Transición, VV. AA. Guillem Martínez, coord., Debolsillo, Barcelona, 2012). La horrorosamente llamada "Movida" no fue un movimiento homogéneo ni mucho menos y fue entonces cuando algunos de sus más famosos representantes sufrieron un ataque de neoespañolismo agudo y se pusieron una gorrilla, un puro entre los dientes, agarraron la copa de coñac y se sentaron en los tendidos de Las Ventas. (Sirvan como ejemplos la canción Que Dios reparta suerte de Gabinete Caligari y la película Matador de Almodóvar.) De repente, las corridas ya no eran un símbolo franquista detestable sino un signo de moderna identidad nacional, una parte inseparable de la Cultura Española que, además, servía para superar las viejas rencillas entre las Dos Españas. Al PSOE de González le vino de perlas la jugada y reutilizó, con renovados bríos, la tauromaquia como cultura y así cumplir con esa "función gubernativa [que] tiende siempre a conservar y perpetuar lo más gregario, lo más enajenante, lo más homogeneizador". (Aquí añade Ferlosio que esa función está "hoy muy cabalmente representada por ese inmenso CERO que es el fútbol". Y nosotros aún diríamos más: "¡Y las olimpiadas!").

Lo comentaría, pero no quiero ser soez
Esta crítica política es, cuando menos, muy rara de ver en los medios de comunicación patrios. Debemos felicitarnos por ello, sí, pero a Ferlosio no se le acaba aquí la munición. Cita la cachaverosódica propuesta de Esperanza Aguirre de que las corridas de toros sean consideradas "Patrimonio de la Humanidad" y lo hace convencido (y de hecho nos convence) de que la intención es darles a los catalanes una lección de cultura. Cuenta Aguirre también con una corte "de apologetas castellanos como algo más filosóficos o sofisticados, que o bien niegan el placer del sufrimiento o le dan una connotación espiritual". Y aquí hacen una triunfal aparición, como si fueran un cartel estelar en la Feria de San Isidro, Víctor Gómez Pin, Fernando Savater y el mismísimo Ortega. Dice el primero que "el sacrificio sería simplemente el precio por un rito de marcado peso simbólico y artístico". ¿Simplemente? "Complicadísimamente", responde Ferlosio. Savater, por su parte, pasa olímpicamente del sufrimiento y se hace novio de la muerte: "Sí, en el toreo está presente la muerte, pero como aliada, como cómplice de la vida: la muerte hace de comparsa para que la vida se afirme". A propósito de esta tremebunda frase, me comentaba Javier F. Soto que el filósofo se pilla los dedos. ¿Acaso no serviría también para justificar el tiro en la nuca de ETA? ¿Es arte el atentado de Hipercor o el asesinato de Lluch? La muerte es una novia muy celosa, decía Moncho Alpuente cuando hablaba de Millán Astray y las múltiples mutilaciones sufridas por coquetear con ella. Casi como si le contestara, Ferlosio subraya los "inmensos servicios prestados [por la muerte] al congénito narcisismo de los poetas".

Y aquí debemos hacer un alto en el camino para dirigirnos directamente a Fernando Savater y pedirle que intente, en la medida de sus posibilidades, responder a lo anterior. Si alguien está tan convencido de un argumento de tal calibre, debería al menos aplicarlo a cualquier circunstancia o (y seamos un poco macarras) tragarse sus palabras. Mientras esperamos ansiosos esa respuesta, Ortega nos da la medida de lo que España es: "No puede comprender la historia de España quien no haya construido, con rigurosa construcción, la historia de las corridas de toros". El ortegajo, como lo llama Ferlosio, es (y sigamos siendo macarras) de mear y no echar gota. Y ya sólo por curiosidad: ¿alguien responderá con el sobado argumento de Goya y Picasso y sus representaciones de corridas? En ese caso sería muy de agradecer que salgan a relucir Los desastres de la guerra y el Guernica y lo bien que nos vendrían para elevar la categoría moral de las intervenciones en Afganistán o Libia ...

Elevación espiritual merced al toro
El argumento final de Ferlosio en su artículo utiliza un texto del periodista Javier Ortiz en el que no se habla de la tauromaquia desde el punto de vista del sufrimiento animal sino desde el comportamiento de los hombres. El 'desplante' de los toreros, "el ahí queda eso", dice don Rafael, "me parece el paradigma del alma-hecha-gesto de la españolez". Poco se puede añadir a esto. Muchas veces hablamos de "americanadas" para referirnos despectivamente a cualquier producto (ya sea una Coca-Cola o una matanza en un cine) que venga de USA, pero pocas veces vemos lo que la españolez gesticulante puede llegar a significar. Gran parte de la política y la cultura españolas adquieren su masa y su peso específico gracias a esa especie de bosón de Higgs chuleta que es la españolez y su machismo subyacente.

Entonces, ¿se puede añadir algo más? Pues sí: Ferlosio remata la faena (¡permítasenos la expresión taurina!) con firmeza imbatible: "Mi ferviente deseo de que los toros desaparezcan de una vez no es por compasión de los animales sino por vergüenza de los hombres". Ahora ya sí que sí, ya no queda más que decir. Bueno, quizá sólo desear que Ferlosio siga escribiendo y ponga todas las picas que este Flandes tanto necesita.

Julián Hernández
(Fuente: http://www.huffingtonpost.es/julian-hernandez/los-toros-y-rafael-sanche_b_1756611.html)

9 comentarios:

  1. Hola. Está muy bien, en cuanto significativo de un pretendído "antiespañolísmo" que pongas como garante de PROGRESO al masón Jovellanos. De algùn modo, (fuera del tema del hilo, si me lo permítes) el pueblo asturiano debería "desembarazarse" del influjo masón de Jovellanos, que fué el artífice de la dación disimulada por testaferros de la cuenca minera a los Rothschild, del mismo modo que el pueblo vasco debería "deshipnotizarse" del falso santo Ignacio de Loyola, jefe de la Compañía que tanto hizo por "amor" a su tierra creando junto a la CIA, éso que llaman ETA.
    El PROGESO ¡¡siempre es para los mismos!!

    Los sacrifios sangrientos deberían desaparecer. No así, lo que llaman FIESTA que no deja de ser un referente en muchos sentídos. En Portugal no sacrifican al toro. Creo que deberíamos copiarlos. Así mismo el arte del Rejoneo, es uno de los espectáculos más bellos que da la Fiesta Taurína. Único en el mundo ¿cómo no considerarlo patrimonio de la humanidad?
    La sociedad hedonísta-liberal no quiere sangre en los ruedos. Es demasiado palpable y recuerda otros eventos (millones de eventos) en los que la sangre es la protagonísta. La única manera desde antaño, de que un hijo del pueblo demostrase su hombría (sin ser soldado) y llegase a la fortuna personal, era de este modo: jugándose el tipo, cara a cara con la suerte. Ahora, sólo nos dejan tener "suerte" con la primitiva y las loterías que han dejado de ser del Estado y pasado a manos privadas, quizás los banqueros antes nombrados.

    La única Fiesta o Celebración Ritual (fuera del deporte) donde se mezclan ricos y pobres, jóvenes y viejos, hombres y mujeres es esta demostración de la tauromaquia. Quitar esta fiesta no nos va a convertir en más humanos, pero nos va a ir alejando de multitud de expresiones linguísticas (como el precioso juego del MUS) o "muletillas" que son parte de nuestro acervo cultural.
    Pretender desde zonas poco claras "culturales" dejar a la gente (¡¡muy poca ya!! es mejor el futbol según parece) sin este RITUAL, apunta a cosas más graves, como dejar COJA a la fiesta de las Fiestas: los SanFermínes. No creo que los navarros sean tan estúpidos de dejarse llevar por los "Derechos de los Animales".

    Maldíta Modernidad. Maldíto Progreso. Maldíta ONU y malditos los hipócritas de WWF y de otros elementos apisonadores de la diversidad cultural y popular.

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  2. Un atento saludo.

    Me alegra que alguien "entre al trapo" (¡ya empezamos con las expresiones taurinas!) de esta entrada que sabía polémica, pero con la que me desquitaba ayer del hecho de no ver publicada una Carta al Director que envié a "El País" para contestar las majaderías con que un tal François Zumbichil pretendía contestar al sabio Sánchez Ferlosio. Como la carta de este aficionado (a los toros, y, por el nivel que demuestra -sin poder pasar de ahí- al razonamiento) queda en las hemerotecas, extracto mi respuesta en que entrecomillo sus pseudo-argumentos, cuya indigencia intelectual salta a la vista (y la violenta):

    “Afirmar que "cualquier rito o ceremonia son respetables si un grupo humano se adhiere a ellos" no santifica el envilecimiento de quienes disfrutan con el espectáculo de la tortura. Lo de la "ambigüedad sexual" en la "conjunción entre el toro y el torero" o lo explica mejor o la risa floja me dura aún varios dias. Y finalmente, lo de que "creemos" (sic) que el toro, herido y matado en la plaza, "supera el dolor con su lucha" es ya de una inconsistencia manifiesta: ningún ser humano racional opone a los hechos sus creencias; tal actitud es la propia de los fundamentalistas. Según tan pintorescas creencias, ¿supera también el toro la muerte?”

    El autoproclamado “Diario independiente de la mañana” no tuvo a bien acoger mis sarcasmos, y yo opté por usar de mi blog para reconocer la solidez del pronunciamiento del Premio Cervantes de 2004, aunque para ello opté por reproducir el texto del Siniestro (Total) Julián Hernández, cuyo himno tauromáquico “Alégrame el día, torero” le faculta indiscutiblemente para terciar -creo que seguimos con las “muletillas” taurinas que celebras, algo que ni quiero ni puedo rebatir- en la polémica, y limitarme al humor negro que todo el asunto me inspira al redactar los pies de las fotos.

    Dicho todo lo cual, discrepo de tu valoración del rejoneo, que, aunque menos cruento que la lidia, sigue siendo una práctica lesiva para la integridad del toro, al que se hiere repetidamente, y del caballo, animal al que se pone en riesgo. Solo puedo respetar el único lance en que hombre y toro se enfrentan de igual a igual, astucia y agilidad contra fuerza y empuje, los recortes, ya practicados en la antigua Creta y en que no hay daño físico -accidentes aparte- para el astado.

    Reitero el argumento ferlosiano que el músico vigués subraya en su glosa, que la palabra “cultura” no santifica ninguna práctica, y termino, por no extenderme más, con una cita de Buda sobre la que pocos aficionados a la embrutecedora “Fiesta” han debido reflexionar: “Sólo es noble el hombre que siente compasión por todas las criaturas vivientes”.

    Gracias por comentar.

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  3. Hola de nuevo. Díces que la gente disfruta con la tortura. Eso no creo que sea cierto. Se disfruta de todo el contexto. De la música (inequivocamente popular), de los comentarios de la gente, de las faenas recreadas con mayor o menor arte y arrojo. Se disfruta de la estampa preciosa del toro, uno de los animales más "guapos" del mundo. En fín, te lo está diciendo una persona que jamás va a los toros. Lo paso francamente mal, pues a cada movimiento temo lo peor.
    El tema de los recortes, estoy de acuerdo. Se extiende a lo largo de decenas de pueblos. Desde la Ribera del Ebro pasando por pueblos del interior de Navarra y Aragón. Pueblos de Burgos, Valladolid, Segovia, Madrid ... enfín, que en algunos pueblos y ciudades también (a parte de los recortes) se mate a los toros ¿cuántos son en total?

    ¡¡que NO jeje!! Que NO quiero que me eduquen. No quiero ser europea, moderna, compasiva ante el dolor de cuatro toros. Me niego sentimentalmente a la desaparición de una fiesta antiquísima. Escriba "usté" a Sanchez Ferlosio y le dice de mi parte, por favor, que es una injusticia lo que propone. Dígale, por favor, que no hay derecho a que solo UNOS POCOS se permítan el placer de sacrificios y rituales de sangre. !! Eso no puede ser y además es imposible !! Dígale a Sanchez Ferlosio, por favor, que si le parece tan mal estos rituales sangrientos, que empiece por donde debe, señalando a los "carpetobetónicos" oligarcas mundiales. Que dispare más arríba, si tanta compasión rebosa su alma y no tanto el vino.

    Si fuéramos compasivos entre nosotros -todos los humanos- (digamos sólo un 30, un 40 por ciento) la suerte final del toro desaparecería poco a poco ... sería cuestión de tiempo.
    Se supone que hay que acotar ciertos gestos de brutalidad (la maldíta cabra del campanario y otras bestialidades)y en éso la gran mayoría de aficcionados está conforme. Hay que cuidar esos temas. Pero los TOROS y todo su mundo, no deben desaparecer. Porque es superANTIGUA. Y si las autoridades bajo presión "moderna" termínan por prohibirla, nos va a caer una gran maldición gitano castellana andalusí murciana navarro-zamorana producto de la resurreción de millones de manolas, matadores, banderilleros, mono-sabios, poetas, ganaderos y aficcionados que exigirán el retorno inmediato de los Toros y la recuperación de todo lo tauríno, so pena de no volver jamás a sus últimas moradas.
    Yo me lo pensaría muy mucho. Pesa demasiado (y con gusto) la historia y la tradición taurína.

    En serio, se trata de algo tan profundamente arraigado, tan de nuestras tradiciones y cultura que prohibirlo es un desacierto que puede tener consecuencias muy negras.

    Perdona ayer se me pasó saludar al final. Espléndida página la tuya y que Dios reparta suerte. Mucha salú.

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  4. Querida lectora:

    Si la gente no disfruta con la tortura, que es lo que se está desarrollando ante sus ojos en la plaza, ¿qué le pasa a su sensibilidad? ¿qué clase de enajenación colectiva les impide reconocer la evidencia de un ensañamiento bárbaro, inhumano y asesino con un mamífero dotado, como nosotros, de una misma fisiología del dolor, de un sistema nervioso y límbico análogo, y cuya desventaja ontológica es que, por su carencia de racionalidad, no puede dar sentido al sufrimiento que padece? Si no existe una enfermedad mental colectiva en el público, ¿cuál es la excusa para no reconocer lo que tienen ante los ojos?

    Claro que el toro es un animal bello, lo he visto pacer libre en las dehesas. El padecimiento del maltrato infligido por el hombre no lo embellece, lo reduce a un guiñapo sanguinolento.

    En cuanto a tu “no quiero que me eduquen”, espero que no te ofenda la sonrisa de condescendencia que me ha producido. Sin educación no podrías afirmar esa frase, la articulas en castellano gracias a que has sido educada en esta lengua, y también tu querencia por tu libertad y su defensa son fruto de una transmisión de valores que tiene un arraigo histórico en nuestra cultura … sólo se puede renegar de la educación desde la educación. Nuestra condición humana implica la educación del intelecto, de la sensibilidad y de toda dimensión de lo que somos. Sin educación quedamos reducidos a la mera animalidad, a un instinto desconcertado. ¿No educarías a tus hijos?

    Y tu no querer ser compasiva ante el dolor, aunque sea el de esos seres que nos han dicho que son “inferiores a nosotros” y a los que podemos maltratar, porque PODEMOS, sin más justificación, si a mí me pasara me preocuparía. La indiferencia “libremente” elegida, la renuncia a sentirse afectado por el padecimiento de otro, la frialdad del corazón, … eso es, sencillamente, EL MAL sin disfraces. Sentirse dueños de la vida -en vez de responsables de ella- conduce a desvalorizarla. ¿No es la más rotunda descalificación de la “Fiesta” el ser defendida con este tipo de argumentos?

    Las ejecuciones públicas, tan arraigadas en nuestro pasado, desparecieron del mundo civilizado. La quema de brujas y herejes, también. Ningún apego sentimental nos lleva a echarlos de menos. La defensa ciega de la tradición nos mantendría aún en las cavernas, donde, sin perspectiva, tecnología ni lenguaje preciso -y, por ello, precioso- no podríamos teorizar acerca de estas cuestiones. La tradición más antigua la instauró Caín, y algunos queremos que desaparezca. Envidiar a la Élite enferma y reptiliana que gobierna en secreto al mundo porque siguen “disfrutando” de sacrificios y rituales de sangre es un sinsentido. Prefiero envidiar a los místicos, que con solo abrir los ojos se llenan de la divinidad, a los artistas -los de verdad, los que crean y enriquecen la existencia, no los psicópatas que torturan, mutilan y destruyen la vida-, a los que cuidan y protegen a sus semejantes, a los que los instruyen e inspiran, … Hay mucha gente valiosa a la que envidiar como para ceder nuestra energía a los psicópatas. Es cierto que la historia pesa mucho, pero como dice Umberto Eco, ese peso nos agobia, nos reduce, nos chantajea, … nos instruye en mitos de soberbia y aniquilación que deberíamos desechar, por compasión, por humanidad y por decencia.

    Gracias por tu atención a estas líneas, y mis mejores deseos de paz, amor, respeto y compasión.

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  5. Hola de nuevo.
    Lo de negarme a ser compasiva ha sído un brote "psicótico-rebelde" contra tus argumentos. Claro que me da pena el animal. Pero, no dígas que la gente VA a VER sufrir al toro, porque éso no es así, sino a disfrutar del espectáculo como un todo; con la música, con ver y dejarse ver; disfrutando con el RIESGO de las faenas, y los comentarios al respecto, etc.

    Tampoco digo para nada, que envidio a las élites. Lo que dígo con ironía, es que es una injusticia que SOLO ellos se tomen el placer de matar, sobre todo, humanos.

    En cuanto a la "educación" pues tienes mucha razón. Yo no soy aficcionada a los toros. Ya lo he dicho antes. Asi que me has convencído. Me uno con agrado beatífico a los ecologístas para pillar a toda esa basura humana. Les vamos a poner un tratamiento Ludovico con música de Beethoven, a ver si así los Reeducamos. Caray ... qué gentuza. Mira que no molestarse en ir a las dehesas en autobuses con aire acondicionado, para ver a los toros en su natural medio con unos prismáticos. En fín, perdoname la broma.

    Entonces, Prohibamos de la VIDA la visión y el espectáculo de su faceta chunga: la muerte, la injusticia, el riesgo, la bestialidad, el esfuerzo de algún maletilla para hacerse rico si le da la gana hacerlo y lo demuestra con bemoles ¡¡qué osadía!! ¿quién narices se ha creído que es?. Evitemos mirar lo peor y quedémonos en la otra mitad, y sólo en esa mitad. Hagamos un esfuerzo por vivir en un Mundo Feliz ... llaníto, llanito para ir en patinete y no tener que subir o bajar ninguna cuesta. Quitemos todos los espejos para no ver la realidad de la naturaleza humana. Sus miserias. Arranquémoslas, quiera o no quiera.

    Buen fín de semana. Pasión y buena COMpañía.

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  6. A ver, como diría Jack “el Destripador”, vayamos por partes:

    Primero, lo que yo he escrito, y cualquier lector minucioso puede confirmar o desmentir con echar un vistazo más arriba, no es que el público vaya a ver el sufrimiento, sino que no entiendo cómo puede no verlo. Si yo voy a disfrutar de un “todo”, pongamos un desfile, en el cual, y, pongamos que como parte consustancial del mismo, una decena de gatitos son despellejados vivos, pierdo el sentido holístico: lo de ver y ser visto, la musiquilla y toda la parafernalia que quieras se me escapan ante el cortocircuito brutal que ha machacado mi sensibilidad. Vamos, que si soy capaz de integrar una salvajada así en mi “disfrutar” estoy rotundamente enfermo. Y cualquier argumento con el que quiera justificarme va a evidenciar más aún mi problema.

    Segundo, yo he ido a ver pacer a los toros montado en un tractor, sin aire acondicionado ni lujos pequeño-burgueses. A veces el sol picándote en el cogote y las moscas zumbando alrededor te integran en la vida mejor que el sadismo que el que tanto coquetean tus argumentos.

    Tercero, entre negarse a la visión de “la faceta chunga de la vida” y el “vamos a masacrar al toro, que es cultura” hay un término medio: el de no causar un sufrimiento innecesario a los inocentes. La vida es algo frágil, y el compromiso de cuidarla es moralmente superior (infinitamente superior) al “hago esto porque puedo hacerlo”.

    Entre el “puedo hacer” y el “puedo justificar” hay un abismo. A ése abismo en Occidente le llamamos “ética”, un saber constituido por el compromiso de no hacer lo que no podemos justificar racionalmente. Solo rechazando una tradición mucho más profunda y humanizadora que la de la “Fiesta” puede aceptarse -nunca justificarse- la barbarie de ésta.

    Finalmente, estaba echando en falta el “argumentum hispanicum” por antonomasia que has soslayado en tus dos anteriores comentarios, las dos “razones” a las que el ESPAÑOL de verdad, de pata negra y cerebro diluido, pone por delante cuando es menester -y cuando no también, que para eso es español, “español de puro bestia” que decía César Vallejo-, “razones seminales” si me permite San Agustín la tosquedad del chiste, y a las que aludes eufemísticamente con “los bemoles” de que hace gala el maletilla de tu último párrafo. Machismo, tosquedad y testosterona a borbotones, lo que le faltaba a Francisco de Asís, a los ecologistas y a los que tienen más sensibilidad que cojones. La cabeza para embestir y para pensar los genitales, he ahí la esencia de la tauromaquia (y ya veo el lema “cossío” a los carteles).

    Querida lectora, yo no abogo por cerrar los ojos a la miseria humana, solo por no recrearla. Hay una enorme diferencia entre reconocer y venerar. Reconozco la fecundidad artística que el toreo -como el crimen pasional, pongo por caso- ha tenido, pero no lo idolatro por ello. Es más, me asquean la chulería, la insensibilidad, el morboso sadomasoquismo y toda la sanguinolenta parafernalia que están enquistados en esta vergonzante tradición que nos degrada como nación.

    Un atento saludo.

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  7. NO he dejado entrever en ningún lado, (soslayadamente, díces) que tener BEMOLES sea la “gracia” que adorna a los ESPAÑOLES. Esa conclusión, la sacas gratuitamente. Aunque veo, que te has ído mordiendo la lengua y finalmente deseando decirlo. En todo caso, ¡¡ Es al contrario!! La gracia de tener “eso” se la arroga el matador y el muletilla, o el banderillero, y el rejoneador … el albañil desde el andamio. ¡¡qué barbaridad!! Deseando poner a la gente de vuelta y media. Culpabilizando, señalando, inquiriendo, degradando, insultando al RESPETABLE … no has perdído ninguna ocasión para “asquearte”. Háztelo mirar tú también lo tuyo. Un mínimo respeto, si quieres llevar bien (con prestigio) esta página. No tienes Barra Libre para descalificar a los demás, con esos tonos de “Santón”.
    La compasión es una idea oriental, debidamente cristianizada. Con razón te molestan los MITOS propiamente europeos, si como díces arríba crees que son el gérmen de la degeneración. Curioso que nombres a Caín (hijo de Eva y la serpiente según los iniciados). Un mito talmudico. El problema de la humanidad en este sentído ha sído abandonar sus propios mitos y leyendas.Abrazar ideas propias de bárbaros sin escrúpulos. Me refiero al judaísmo en su faceta askenazi. Desde luego, bien disimulado, bajo la cobertura masónica británica y norteamericana. Varios de esos “Sabios Eticos” transmíten las IDEAS/trampa, como si tiraran migas a las palomas.
    Ideas que no quieren decir NADA para ellos: la “compasión”, la “paz y el amor” “humanidad” previo paso Insituto Tavistock. Igual que mucho antes, cuando comenzaron con las falsas “Libertad, Igualdad, Fraternidad” … lanzadas como señuelos a los ratones.
    La sensibilidad NO está reñída con la VIRILIDAD, pero si no hay virilidad, la sensibilidad se convierte en afectación. Pones de ejemplo a un criptojudío que firmaba sus escrítos y pintaba sus celdas con la cruz Tau, inequívocamente egipciaca. Y para más “honra” de los posteriores masones, tuvo la curiosa idea de “glorificar” al sol y a la luna, llamándoles HERMANOS. Hasta en héroes andas errado, pues no sabes, ya que nombras la quema de herejes, que fueron los franciscanos (junto a dominicos) los más enfurecídos defensores de la pureza de la fé, Dominados por un espíritu demoniaco, usurpador de la libertad de conciencia. . ¡¡cuánta mentira calcula, bajo palios o entre los hábitos monacales!! El mismo cojín que sujetaba la cabeza del cadáver de F.de Asís, llevaba bordados en oro, los leones de Judá.
    Y ahora que veo, que has abierto un hilo sobre globalización. Te diré que con tú “boníta compasión” ayudas y cooperas a que la apisonadora globalísta BORRE del mapa cualquier mínima DIFERENCIA. Diferencia NUESTRA (mal que les pese a tanto “progre” bien pensante) que acredíta algo remoto e intimamente popular y BASICO. Sí … arraigado en miles de rincones del país. Mucho mundialismo disfrazado de VERDE.
    Sobre la “compasión” termina siendo suicida para media humanidad, NO comer por compasión. Aunque todo es habituarse. Si “nos dejan” podemos tomar hasta hormigas fritas y raíces. ¿deshumanización? ¡¡desde luego que SI!!
    Insistes en que se mata al toro porque SE PUEDE. Pues no señor … ¡¡es porque SE QUIERE!!
    ¿se disfruta con la agonía del toro? Pues, a lo mejor es que intuímos que la piel del toro es la península y vemos a la “Madre Patria” como un cornudo. Algunos siempre hemos tenido esa sospecha.
    De verdad, no creo que los aficcionados vayan a ver sufrir al toro. Al contrario, muchos compadecen tanto al protagonista como al antagonista de esa lucha. Bueno, ya he dejado claro que lo mejor sería admitir el “final portugués” para el bicho y aquí lo dejo. Gracias por contestar aunque queda claro que no nos hemos entendído. Otra vez será.“Ahí queda eso” es una “muletilla” chulesca, pero me temo, que no sólo española. Más bien de todo el mediterráneo. Seguiremos por otros temas. Saludos y cuidémonos de las cornás que da el hambre.




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  8. Querida (y me temo que indignada) lectora:

    Soy de los que no se muerde la lengua porque se envenenaría, y, desde luego, en esta encarnación mortal he abandonado la idea de la santidad, lo cual no quita que pretenda practicar la ofensa gratuita. En mis argumentos he intentado no personalizar, puesto que mis invectivas (salvo la dirigida al firmante a una Carta al Director que se beneficia de ser publicado porque proporciona al periódico la carnaza que éste quiere disparar) van en plural, y ahí quien quiera picarse está en su sacrosanto derecho. En cuanto a tus juicios de intenciones (como que llevaba yo dos réplicas esperando arrojarte el “argumentum cojoncianum” o mi supuesta querencia por un “prestigio” que, de conseguir, me preocuparía, porque para este blog quiero dignidad, y no prestigio), así como tu rechazo de mi “tono”, ¿qué quieres que te diga?, parece que escuchas la música e ignoras la letra. Eres muy libre, faltaría más, pero no contestas a la pregunta “¿qué le pasa a su sensibilidad (del público de la Fiesta)?”, que es donde he querido -de momento sin éxito- poner el foco de la cuestión. Y, por favor, no me digas que el matar al toro porque SE QUIERE es un argumento, porque salvo psicopatía galopante, o se templa con el “SE DEBE” o instauramos la barra libre para la salvajada.

    En cuanto a mi recurso a mitos que descalificas, primero, no me molestan (al menos más de lo que me molesta la ley de la gravedad, pero contra lo inevitable no lucho), cuando propongo desecharlos es “a posteriori”, puesto que merecen un análisis, y, segundo, a estas alturas de la historia, oponer mitos “europeos” a mitos “orientales” puede llevarnos a ambos (y a los que lean estas líneas) a estados de delirio febril con convulsiones. El mito del primer homicida será judío, talmúdico y todo lo bárbaro que quieras, pero en cuanto se nombra todo el mundo sabe de qué hablamos. Nuestra civilización es, como todas, mestiza -la que no lo es, es porque no es civilización-, y señores infinitamente más doctos que yo afirman que sus tres patas de banco son la filosofía griega, el derecho romano y la religiosidad judeo-cristiana.

    Además, bien fácil tenía recurrir al mito europeo por antonomasia -el que da nombre al continente-, puesto que en él el toro es el avatar de un dios, nada menos, y lo del deicidio (matar al toro-dios), eso no me negarás que es conspicuamente judeo-cristiano (y oriental hasta la médula, como demuestra el culto a Mitra). Lo “puro” solo existe en los delirios nazis y en el pensamiento de Kant, en el mundo real todo está más revuelto que la cama de un loco. ¿Justifica eso a mis referentes -que no héroes- como “poverello d´Asisi”? Me temo que no, que solo enrevesa la cuestión. Pero es que atacas al juglaresco Francesco justo en una de las cosas que le hace más simpático a mis ojos, que es llamar hermano al sol, divinidad para los antiguos y “fratello” para este fraile, lo cual es una hermosa forma de divinizar al hombre.

    Cuando catalogas a la “compasión” de idea, puedes descalificarla ya todo lo que quieras, no te podré pillar en renuncio. Pero si yo me he referido a ella como “sentimiento”, estamos hablando de cosas diferentes, y así no hay comunicación posible. Las ideas no se sienten, son constructos de la mente, y aquí, o el “logos se hace carne” o flotamos fuera del mundo. Solo en el primer caso nos llevará a sentir como propio el sufrimiento ajeno, extendiéndolo incluso a los no racionales.

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  9. Voy a limitarme a tocar solo dos temas más de tu réplica para no extenderme más que un paté francés:

    Primero, comparto tu rechazo al empobrecimiento de la experiencia humana que conlleva ESTA globalización (cabría pensar en otra, la de los derechos, la justicia y la dignidad, pero ÉSAS no le interesan a la Élite), pero no me digas que frente a eso hay que afirmar lo que llamas NUESTRO, porque entre cualquier “nosotros” -tú y yo, por ejemplo- hay diferencias, y aquí estas oponiendo a la globalización un nacionalismo que también obvia las diferencias. Mi españolidad es un azar, una casualidad no buscada, una perfecta contingencia que pretendo que me condicione lo menos posible, que ni me produce orgullo ni vergüenza, sino que asumo como lo que es: un mero dato administrativo. No soy una planta que brota de tal o cual suelo.

    Segundo, comparto también -y este “blog” acredita a qué niveles- tu prevención hacia sionistas, “Tavistocks”, masones y otros manipuladores de variado pelaje, pero no les dejo determinar cuál es mi realidad. No les cedo la prerrogativa de dar significado a las palabras, no adopto sus conceptos, … volviendo a la distinción que recojo en mi segunda réplica, les reconozco -están ahí, son vampiros de los que hay que protegerse-, pero no les venero. No hago -o, al menos, intento no hacer- de ellos mis maestros. Recojo las palabras que ellos han ensuciado, las sacudo su mugre y las vuelvo a usar porque las necesito con su precisión original. ¿Me estoy poniendo muy “santón”? Lo que quiero decir es que a veces hay que sacar al enemigo de nosotros, y mi consejo (aunque no lo creas, bienintencionado) es: no les cedas tu energía, que, obviamente, es vehemente y poderosa.

    En fin, espero que no resultes ser el enésimo lector que pierdo. Sinceramente, discutir contigo me resulta enormemente enriquecedor. Y, aceptando incondicionalmente algo de tu réplica, me acojo a tu despedida: cuidémonos.

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