lunes, 16 de julio de 2012

TELEFÓNICA RENUEVA EL CONTRATO DE IÑAKI URDANGARÍN POR 1´5 MILLONES ANUALES


La tomadura de pelo que padecemos los españoles debería hacernos preguntarnos por nuestro nivel intelectual. Mientras nuestro futuro se desmorona, la casta bancario-monárquico-política renueva sus privilegios de intocables en nuestra cara. El último insulto a la decencia viene -¡cómo no!- de la familia real, sector parientes poco modélicos: la empresa supuestamente pública Telefónica S.A. (la que nos dirán que es de todos si algún país expropia una filial suya, y que no me diga nadie que no hay antecedentes) ha renovado el contrato a su delegado en E.E.U.U. Iñaki Urdangarín por un año más, con un sueldo de 1´5 millones al año, más 1´2 más en especie y una indemnización de 4´5 millones si resulta despedido.

No está de más recordar que al pollo éste se le imputan delitos de prevaricación, malversación, falsedad, fraude y blanqueo de capitales por los que le pueden caer hasta 18 años de cárcel. No se puede decir que los Borbones no cuiden de los suyos: encubiertos sus delitos económicos desde el más alto nivel, Su Majestad en persona promovió el dorado exilio en Washington mientras se esperaba que prescribieran sus pecadillos. Con lo que no se contaba es con que, descubiertos los tejemanejes de "Pepiño Blanco", éste iba a airear los del yerno real para distraer la atención de sus propias vergüenzas y envíar un mensaje claro a la Casa Real: si caemos, caemos todos, ya sea en el descrédito (en él han tocado fondo) o en los tribunales. Estos últimos, cuidadosos hasta la obsesión, han evitado que la esposa de Urdangarín, la Infanta Cristina, tenga siquiera que declarar ante el juez, cuando era partícipe de las empresas en que se lucraba su marido incluso al nivel de secretaria en una de ellas. La esposa del socio del "yernísimo", Diego Torres, se encuentra imputada en la causa pese a su menor vinculación empresarial con todo el tinglado.

"Todos somos iguales ante la ley" recordaba cierto humorista en Nochebuena al respecto, y que ningún malpensado atribuya su mala dicción a la ingesta etílica, que la criatura es limitada en el habla de suyo y padece insomnio por el paro juvenil (si no es que le atormentan los fantasmas de diversas criaturas asesinadas, desde un hermano suyo hasta animalitos de variado pelaje, muchos en vías de extinción).

En fin, que Telefónica seguirá pagando los gastos de alquiler de la casa, de la decoración (tema en que el matrimonio éste es de lo más exquisito), de los billetes de avión Washington DC-España, del servicio, del parque móvil y de parte del personal de escolta que protege a la familia las 24 horas del día (la otra parte la pagamos los españolitos de a pie, que para eso sí hay presupuesto, el que se sustrae a la Sanidad, la Educación y otras minucias así).

Después de 200 años esperando, ¿para cuándo la guillotina en la Puerta del Sol?

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