domingo, 22 de julio de 2012

SPAIN IS DIFFERENT



Estoy esperando oír (y los tengo muy cerca) a los que repetían como papagayos las consignas de los "mass-media" sobre esos griegos "vagos, mentirosos y parasitarios" que eran el lastre de la U.E. y que contaban con que los demás países, "serios, honrados y trabajadores" pagáramos sus deudas (las hemerotecas pueden corroborar como algunos medios han repetido argumentos tan futiles hasta la intoxicación, ¿verdad, ABC?), que habían mentido en sus cuentas (¡no será el sr. Rato el que se escandalice por eso!) y donde todo quisque contaba con vivir de las subvenciones, directas o indirectas, del Estado (¡qué escándalo, señores sindicalistas, clero, clase política, y demás!). En alguna ocasión, sintiéndome hasta una zona bastante predecible de mi anatomía de oír semejantes mamarrachadas reaccioné anunciando que en Europa dirían cosas aún peores de nosotros. Bien, pues el momento ha llegado: España es hoy el apestado de Europa, el país que "ha vivido por encima de sus posibilidades", el que lo apostó todo a la euforia del ladrillo y el hormigón hasta que el espejismo festivo se desvaneció y apareció algún aguafiestas con una factura imposible de pagar. Toca mirarnos a nosotros mismos con la misma falta de piedad con que nos mira la prensa financiera internacional, para ver lo que nos hemos negado a ver desde aquella Transición -en realidad, una segunda restauración ... de lo peor- que parecía tan modélica, y en la que anidaban los gérmenes que ahora han infectado todo el tejido social.

Somos el país que aprobó una Constitución que autorizaba (artículo 56) al Jefe de Estado a delinquir, y que luego se pasma al ver como esa autorización es aprovechada; y que incluyó también en su Carta Magna la subordinación de los intereses nacionales a los tratados internacionales algunas páginas detrás de la proclamación que la soberanía reside en los ciudadanos, proclamación contradicha por su artículo 96. La aprobación de una Ley marco que contiene contradicciones tan flagrantes deshonra a quienes se adhirieron a ella, ya sea por cortedad intelectual o cegados por una bulímica -y comprensible- ansia de libertad después de cuatro décadas de dictadura.

Somos el país que ha generado la casta política más numerosa, analfabeta, parasitaria e impresentable del mundo occidental, una casta caciquil que ha demostrado sobradamente que antes arrebatará el pan de la boca del necesitado que aceptar el menor recorte a unos privilegios incomprensiblemente legitimados por esos votantes de los que se burlan sin el menor rubor, una caterva de corruptos que hicieron suya la obscena invitación del ministro Solchaga ("¡Enriquecéos!") y a los que una ciudanía mansa hasta la abulia renunció hace décadas a exigir responsabilidades.

Somos el país en que se repite con una ausencia de sentido crítico digna de un "zombie" que "el que no vota no tiene derecho a quejarse", asumiendo -parece- que la máxima expresión de nuestra implicación política es la pataleta, que hay que votar aunque conozcamos ya la trampa que supone aceptar unas reglas de juego trucadas, que hemos de pagar por los errores de unos irresponsables que pueden marcharse de rositas y que los sacrificios que cínicamente nos exigen los que no se sacrifican son "dolorosos, pero necesarios", porque hay que cumplir con lo pactado. ¿Con lo pactado con quién? Ese principio no se aplica a lo pactado con los mineros. Se aplica a los usureros de una élite financiera que ejerce la extorsión a niveles que dejan pequeño el adjetivo "maquiavélico". Con las personas no se cumple, se cumple con las corporaciones. Honramos a los vampiros.

Somos el país en que una mayoría absoluta es un cheque en blanco para actuar en contra de los intereses de quienes trabajan y crean riqueza con su esfuerzo, donde se acepta con resignación que los gobernantes sean mentirosos patológicos, cuando no psicópatas y delincuentes, donde los presidentes de gobierno se desdicen continuamente improvisando de la forma más patosa y lamentable y exhibiendo en los foros internacionales su monolinguïsmo autista que hace imposible que seamos tomados en serio, cosa que solo ocurre cuando nuestros "representantes" van en pantalón corto practicando algún deporte de masas para regocijo de quienes han asumido que viven por delegación, que sus éxitos nunca son personales sino proyecciones emocionales dirigidas hacia millonarios insolidarios que tributan en paraísos fiscales.

Somos el país en que impera la "presunción de deshonestidad", donde se supone que "el que no roba es porque no puede", donde disculpamos el colocar a familiariares, amiguetes y correligionarios en puestos de responsabilidad sin mirar la capacidad ni el mérito, donde defraudar a Hacienda se mira con envidia, donde el honrado pasa por tonto y donde hemos entronizado al aprovechado, al vago, al pícaro hasta convertirlos en arquetipos literarios, "gloriosa" aportación donde las haya a la cultura universal.

Somos el país donde las empresas que crean riqueza son privatizadas y las deficitarias nacionalizadas, donde todos pagamos la factura de bancos y cajas gestionados negligentemente por ineptos designados por partidos y sindicatos, donde las empresas eléctricas acogen a los altos mandatarios cuando cesan como recompensa por las medidas a su favor tomadas durante su ejercicio político en un juego nauseabundo que nadie tiene las narices de calificar como lo que es, TRÁFICO DE INFLUENCIAS.

Somos el país donde hay más de 30.000 coches oficiales (más que en ningún otro país del mundo, superando ampliamente a los E.E.U.U.), donde desde 1978 se ha contratado a dos millones de empleados públicos a dedo, entre amigos y correligionarios, donde las CCAA tienen más de 200 embajadas en el extranjero y disponen de casi 50 canales de TV con una pérdida anual de 2.400 millones, el país del enchufismo y el despilfarro, del "gratis total" y del gasto sin control, de los miles de liberados sindicales y del abono de los viajes particulares con dinero público, del "Querido Emilio (Botín), anda, subvencioname unas charlas", el país, en definitiva, que carece de la menor autoridad moral para afear a los griegos -e incluso a algunas dictaduras bananeras- sus comparativamente modestos derroches. Eso sí, los nuestros, por supuesto, ni se tocan.

Somos el país que recorta prestaciones a los parados pero donde el Ministerio de Defensa ha gastado 24.000 millones de euros en la adquisición de tanques Leopard, blindados Pizarro, cazas Eurofighter, el avión de transporte A-400M, las fragatas F-100 y otros "juguetitos" que en breve estarán obsoletos, pero cuya compra se salpimenta de jugosas comisiones cuya factura pagamos todos como los pringados que somos.

Somos el país donde se sangra al contribuyente mientras se indulta a los defraudadores fiscales, donde los grandes bancos y empresas del IBEX 35 falsean su balance contable sin que la inspección de Hacienda ponga remedio a esta situación, algo que según el Sindicato de Inspectores podría reportar al erario público nada menos que 80.000 millones de euros, donde se permite al sector financiero vulnerar la ley fijando los tipos de interés hipotecario así como la tasación de bienes inmuebles según les conviene.

Somos el país donde los agentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad, teóricos servidores de la comunidad, han asumido que los ciudadanos (sus familiares, vecinos, conciudadanos, a veces incluso amigos) son un enemigo a someter, dañar y humillar cuando ejercen sus derechos de reunión y expresión; donde los antidisturbios protagonizan continuamente actuaciones ilegales (como no ir visiblemente identificados, disparar pelotas de goma directamente al cuerpo de los manifestantes y no al suelo como manda el reglamento -algo que ya ha sido causa de muerte-, etc.) sin que se cuestione siquiera su impunidad; donde un sujeto fascistoide y totalitario como David Piqué (comisario de los Mossos d´Esquadra) propone en un proyecto final de máster estrategias de acción contra manifestantes que requieren -textual- de víctimas inocentes, acciones encomendadas -también es textual- a "unidades policiales poco disciplinadas, vengativas y provocadoras", y que se complementan con la imputación a los líderes de las manifestaciones de delitos comunes, todo ello sin que este discípulo aventajado de las S.S. sea cesado fulminantemente en su cargo y llevado ante los tribunales.

Somos el país donde al anunciarse las más devastadoras medidas contra el bienestar ciudadano tomadas nunca en democracia los diputados del partido en el gobierno tienen la bajeza moral de ovacionar y celebrar apoteósicamente la traición del jefe del ejecutivo no sólo a su palabra y a su programa electoral, sino, lo que es más grave, a los intereses y necesidades de los ciudadanos, como si hubiera que celebrar unas medidas que suponen la absoluta claudicación ante los mercados y una renuncia a la independencia y soberanía nacionales, con una niñata pija sin otra cualificación que ser hija de su papá como Andrea Fabra poniendo voz a la estupidez, insensibilidad e ignorancia de todo el partido en el gobierno.

Ése es nuestro retrato, y la verdad, no salimos muy favorecidos en él. Ahora toca decidir si seguimos emulando al Dorian Gray de Oscar Wilde, recurriendo al photo-shop para disimular las cosas, o si aceptamos honestamente que hemos consentido durante décadas lo indefendible y que esa política del avestruz nos ha estallado en la cara sin que la situación permita aplicar ya paño caliente alguno. Vivimos una situación de desastre nacional, y los que lo han provocado siguen haciendo como si la cosa no fuera con ellos. Y, ¡ojo! eso tan español de elegir un culpable y descansar con la conciencia tranquila no es tampoco aplicable al caso ... Es la hora de buscar soluciones a la situación, y sólo "a posteriori" ponernos a analizar como llegamos a caer tan bajo, una vez que hayamos remontado. Maldecir no sirve, culpabilizar a otros no sirve, sólo sirve tomar las medidas que sean necesarias para garantizar nuestro futuro y el de los que vengan detrás. Es la hora de asumir nuestras responsabilidades en vez de buscar disculpas, de tomar el poder que es nuestro en vez de fiarnos de los cantos de sirena de esa casta que lleva décadas diciendo que está a nuestro servicio, cuando solo juegan al "ser-vicio", vicio que nos impide ejercer una verdadera democracia, ese invento fabuloso que nos regalaron los griegos -vuelvo al pueblo del que tantas pestes echa la élite financiera- y que, con todas sus limitaciones, deberíamos reverenciar, porque no tenemos todavía una fórmula mejor para arbitrar la convivencia.

1 comentario:

  1. ya.... Pero Kien puede/quiere Ponerle el cascabel al gato??si las denuncias pasan del pueblo al tribunal supremo de justicia amigos de franco y del rey nunca habra la justicia con la que algunos soniamos. todos los complices del tribunal supremo k no denunciaron lo k estaba haciendo Divar son complices y posibles culpables de malversacion publica tambien.... k pena de pais, ha seguir ayundando disminuir el paro en espania,como los miles de jovenes que ya se han pirado a buscar una vida mejor a otro pais ...

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