miércoles, 25 de julio de 2012

EL PRESIDENTE DE URUGUAY RENUNCIA AL 90 % DE SU SUELDO


Resulta gratificante encontrar en el siglo XXI que entre el atajo de bandidos y sanguijuelas políticas que padecemos la gran mayoría de los países democráticos, aflore un gobernante de un Estado con un poco de decencia para equipararse a la población renunciando a sus riquezas como presidente, que viva en una humilde vivienda y que done el 90% de su salario para destinos humanitarios. Hablamos del presidente de Uruguay José Mujica, ejemplo para los codiciosos delincuentes que nos gobiernan actualmente. ¿Cuándo van a tomar ejemplo la actual casta gobernante en el resto de países falsidemocráticos?

Además, el presidente Mújica ha incorporado la residencia presidencial uruguaya, un lujoso palacete en el barrio El Prado de Montevideo -que no habita, y que apenas se utiliza para actos institucionales-, a la iniciativa del Ministerio de Desarrollo Social de ofrecer residencia a las personas que viven en la calle ante el advenimiento del crudo invierno del Sur, que comenzó el pasado 21 de junio.

Mújica vive su esposa, la senadora Lucía Topolansky y su perra Manuela, de raza inidentificable, en una casita en Rincón del Cerro, a las afueras de Montevideo. Desde allí dona a fondos de ayuda social un 90% de su salario, establecido en unos 12.500 dólares. Cada mes, ‘Pepe’ Mujica recibe 250.000 pesos por su tarea como Presidente del Uruguay y Comandante en Jefe, pero de allí sólo rescata para su manutención mensual unos 20.000 pesos. El resto se distribuye desde el Fondo Raúl Sendic, que administra su fuerza política, el Movimiento de Participación Popular, que ayuda a emprendimientos productivos hasta simples colaboraciones, y ONG que colaboran con viviendas. Dice a los cuatro vientos que “con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos“.

La sencillez y humildad del mandatario ha dado lugar a numerosas anécdotas, como cuando se acercó a una ferretería del barrio Paso de la Arena a comprar la tapa de un inodoro y, reconocido por los jóvenes del equipo de fútbol de segunda división "Huracán", fue invitado al campo de juego a dirigirse a los asistentes, cosa que hizo de forma improvisada ... aferrado a la tapa del inodoro recién adquirida. Se sacó fotos, aceptó fotos, concedió abrazos y se fue con el aplauso de todos, conduciendo su destartalado Volkswagen Fusca y en compañía de su inseparable Manuela.

(Fuente: elmundoamerica; visto en http://teatrevesadespertar.wordpress.com/)

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