miércoles, 20 de junio de 2012

EL GOBIERNO SECRETO DEL MUNDO (2ª parte)


Los dueños del mundo, jefes del Gobierno Mundial Invisible, en tanto banqueros, financieros, petroleros son, también, dueños de los medios de comunicación que forman los grande monopolios como: FOX, CNN, NBC, ABC, CBS, BBC, de las agencias transnacionales de prensa, entre ellas, la UPI, AP, Reuters, AFP que se manejan, inclusive con capitales judíos, son copropietarios de inmensos estudios de cine o de los periódicos New York Times, Washington Post y un largo etcétera. El mini imperio Murdoch, comparado con los demás, sirve muy bien a los intereses conservadores de los amos de la tierra.

Todos se especializaron en utilizar estrategias tendentes a distraer a la población con la prensa amarillista, con cursis programas de televisión caracterizados por la superficialidad, para ofertar productos tecnológicos de corta duración, reality shows y dibujos animados violentos que ridiculizan los valores fundamentales de la familia o menosprecian los valores esenciales del humanismo universal, además, con la difusión de noticias violentas de agresiones bélicas que son transmitidas en vivo y en directo para demostrar el “poder invencible” de las fuerzas imperiales o difunden asesinatos y crímenes que colman el amarillismo noticioso que terminan por destruir poco a poco la confianza en el prójimo, evitan la unión, solidaridad y fraternidad entre las personas, y con sus técnicas manipuladoras tratan de impedir una revuelta popular mundial.

Las familias de la Reserva Federal, son propietarias de la NSA, la CIA, el Pentágono y son accionistas mayoritarias del Banco Interamericano de Desarrollo, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, en tanto que sus delegados y sirvientes ejercen, además, el derecho al voto en la Organización de las Naciones Unidas y en la OTAN; en la primera con derecho a veto.

Las nueve familias mega- ricas y sus descendientes son intocables por la justicia y exoneradas de impuestos de por vida. Son dueñas de la paz, la guerra y las finanzas, por eso, cada vez que “conmovedoramente”, hacen un “rescate económico” en realidad compran los bancos y financieras del mundo, y así se apropian poco a poco del país al que “salvan”, para luego llevarse los recursos naturales que les permite multiplicar, hasta la gula, sus desmesuradas fortunas.

Los Estados Unidos y las familias que los gobiernan poseen los recursos económicos, tecnológicos, fuerzas militares, sistemas de inteligencia con la CIA a la cabeza, para realizar todo clase de operaciones públicas o clandestinas, “legales” o criminales con el agravante de que los pueblos del mundo terminan por pagar las carreras armamentistas, las intervenciones armadas y los crímenes imperiales, por intermedio del atraco a sus recursos. Absurda e infame ironía es que los pueblos “salvados” deban quedar agradecidos por los intervencionismos e injerencias que liquidan “la barbarie, el caos, la anarquía”, en defensa de los derechos humanos, las libertades y las democracias al estilo occidental y cristiano. Los pueblos pagan con muertos y heridos esos salvajes “salvamentos”.

Las nueve familias y sus millonarios sirvientes y empleados anglosajones se constituyen en la “clase superior” gobernante. Al respecto, bien se puede afirmar que la famosa Revista Forbes es una farsa porque muestra millonarios populares de segundo nivel como Bill Gates o Warren Buffet, logrando desviar la atención sobre las actividades ilícitas que cometen los verdaderos mega-ricos dentro de la Reserva Federal.

El gobierno invisible es una realidad innegable y está conformado por los multimillonarios y magnates que son los que realmente gobiernan los Estados Unidos en su rol de imperio. No existe gobierno, presidente o ejército que esté por encima de ellos porque en verdad son los jefes del gobierno de Estados Unidos. Ellos, organizan unas veces, otras dirigen o controlan los poderosísimos grupos como los Bilderberg, la CFR, el Instituto Tavistok, y la CIA. Son la “clase superior” en el ejercicio del poder real y, lógicamente, forman la élite que decide qué guerra planificar y ejecutar, qué invasión realizar o qué país atacar, qué presidente matar, qué “atentado terrorista” por monstruoso o infame que sea financiar o cometer, qué crisis económica planear y desatar, qué “pandemia” inventar.

El escritor-investigador estadounidense G. William Domhoff, en su obra “Quién gobierna Estados Unidos”, sostiene que la clase superior anglosajona de Estados Unidos es la clase de multimillonarios que constan en la lista anual especializada “Social Register”, de mejor calidad que la Forbes. Esta “clase superior” social, económica y política es el poder del poder, y ejerce férreo control sobre la CIA inclusive, y, por tanto, sobre la agencia transnacional del crimen.

Domhoff señala: “La relación entre los conceptos de “clase gobernante” y “élite del poder” es perfectamente clara, pero es cierto así mismo que puede producirse confusión al respecto a menos que se los compare y se los contraponga. Repitámoslo: La “clase gobernante” se refiere a la clase social superior que posee una cantidad desproporcionada de la riqueza del país (Estados Unidos), recibe una parte desproporcionada del ingreso anual del país, y proporciona una cantidad desproporcionada de miembros a los cargos del gobierno. Sin embargo, puede ocurrir que algunos de los miembros de este grupo no se ocupen de otra cosa que de criar caballos, asistir a las carreras de galgos o codearse con la nata de la colonia extranjera. La “élite del poder”, por otra parte, comprende a todos aquellos que ocupan cargos de mando en instituciones controladas por miembros de la clase superior (gobernante). Todo miembro de la “élite del poder” podrá pertenecer o no a la clase superior. (Caso Obama). Lo importante es si la institución a la que sirve está o no regida por miembros de dicha clase…”

Para ser miembro de la clase superior estadounidense, si no pertenece a las nueve sagradas familias, debe ser anglosajón-hombre o mujer de empresa al mejor estilo de la iniciativa privada; es decir sin principios éticos, controlar algún sector de las industrias o financieras, los sistemas de producción y los mercados, los bancos y comercios de importación y exportación; y en especial dirigir o controlar el inmenso complejo industrial-militar o poseer o ser parte de las compañías autoescogidas por el Departamento de Defensa o el Pentágono para fabricar y producir todo tipo de armas, desde las convencionales hasta las de destrucción masiva como las nucleares, químico-bacteriológicas, armas satelitales, armas dotadas con tecnología de punta o de última generación.

Naturalmente que el Departamento de Defensa, como la totalidad del gobierno, están controlados por la misma “clase superior” que gobierna férreamente al Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral, la economía nacional y transnacional, las finanzas públicas y privadas para lo que cuenta con políticos, diplomáticos, abogados, periodistas, científicos y técnicos, a la vez que es propietaria o accionista de las principales cadenas de radio y televisión, de las agencias transnacionales de prensa y de los periódicos y revistas más influyentes en todos los idiomas, medios a los que controlan, también, con miles de millones de dólares entregados a través de las más grandes agencias mundiales de publicidad de las que, curiosamente, son dueños o accionistas o por lo menos las dirigen económicamente por medio de sus agentes.

Tan inmenso es el poder económico y político de las nueve familias y sus grupos que si se hiciese un ligero cálculo intelectual, sólo si la fortuna de las familias Rothschild y Rockefeller se repartiera entre seis mil millones de personas de las más de siete mil que pueblan el planeta tierra, a cada una le correspondería la suma de tres millones de dólares. Para defender ese poder económico, mantenerlo y acrecentarlo, el Gobierno Mundial Invisible no conoce barreras de la ética o la moral y, por tanto, no hay acto criminal que esté decidido a cometerlo, por monstruoso que sea.

La periodista y directora del Círculo Bolivariano de Galicia, Martha González, en su correspondencia de cortesía señala que Terry Meyssan, saltó a la luz pública cuando salió a la venta su libro “La Gran Impostura”. Este autor afirma que “los atentados del 11-S fueron llevados a cabo por un sector del Ejército de Estados Unidos. Meyssan, cuyo libro fue uno de los best sellers a nivel mundial, difundió fotos aéreas del Pentágono, probando que ningún avión se hubo estrellado allí y afirma que el 10 de septiembre de 2001, Osama Ben Laden estaba internado en un hospital de Pakistán, realizándose una diálisis, y que ese mismo día recibió la visita de un alto funcionario de la CIA en ese país.

“Me gustaría -declaró Meyssan en una rueda de prensa en Madrid- que los ciudadanos volvieran a desempeñar un papel más activo y a meditar sobre lo que sucede, sin creerse cualquier estupidez que se les diga, aunque venga del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

González afirma que el 1° de Agosto de 1972, después de “el sábado de las brujas” Philip von Rothschild anunció en el Casino Building de San Antonio, Texas (el Estado de los Busch) y ante los “honorables” miembros del “Consejo de los Trece”, los planes establecidos para dominar al mundo desde 1980 en adelante. La siguiente sentencia marcaba el punto de partida: “Cuando vean apagarse las luces de Nueva York, sabrán que nuestro objetivo se ha conseguido” ¿casualidad? No. Imposible creer en ese tipo de casualidades.

Así, algunos analistas e investigadores científicos afirman que la obra maestra de los dueños de la Reserva Federal fue el atentado de las Torres Gemelas en New York. Sostienen que “utilizando el poder de convencimiento de la televisión, se mostró un falso video en donde un actor se hizo pasar por Osama Bin Laden, para autoproclamarse autor del atentado, cuando en verdad, las Torres contenían poderosos explosivos colocados por agentes especializados de la CIA y aviones previamente preparados por el ejército estadounidense para que chocaran contra las Torres. De llegar a comprobarse fehacientemente esta hipótesis, la humanidad habría sido testigo de uno de los hechos de mayor brutalidad y sanguinario de la historia de la humanidad.

Para abundar en detalles, los investigadores que sostienen la tesis del autoatentado, presentan las siguientes pruebas:

1.- Derrumbe al estilo demolición controlada de ambas torres. Ese derrumbe se constata a simple vista.

2.- Desaparición de videos que muestran explosivos, muy por debajo de donde chocaron los aviones y donde se ve metal derretido. El combustible inflamado de los aviones jamás derrite el acero ni pulveriza el concreto, que requieren temperaturas de mayor magnitud.

3.- Derrumbe a las 5 pm (17H00) de una Tercera Torre: la WWC 7, sin que ningún avión la haya tocado, hecho que casi pasó desapercibido.

4.- Restos de “thermite”, poderoso explosivo usado por la industria de la demolición, que fueron encontrados en el lugar de la ubicación de las Torres Gemelas.

5.- Al Qaeda es el nombre que le dio la CIA al movimiento de los mujaidines que combatió a las tropas soviéticas en la década de los 80s ¡La más hipócrita acusación de la historia!

6.- Estados Unidos se está quedando sin petróleo y planeó el atentado para saquear los campos petroleros de Irak, comercializar con órganos humanos, apropiarse de los campos de droga amapola/opio de Afganistán, para exportar a Europa y Asia. Se ha denunciado que aviones de la OTAN transportan el opio hacia los mercados europeos.

7.- Lo que impactó en el Pentágono no fue un avión. Testigos silenciados por la CIA, vieron un misil teledirigido a un área en construcción del Pentágono donde casi no había oficinas. Por eso se vio sólo un agujero y no las marcas de las alas de un supuesto avión. Nunca pudieron presentar los restos del avión estrellado y tampoco cuerpos de tripulantes o pasajeros.

8.- Luego del atentado a las Torres Gemelas que sirvió de pretexto para que Bush declarara la guerra global contra el terrorismo, el propio gobierno de Estados Unidos dio facilidades a la familia de Osama Bin Laden -socio, además, en los negocios petroleros de Bush- para que abandonara Estados Unidos y para que no se presentara o contactara con la prensa.

9.- Presentación en televisión de una fraudulenta lista de supuestos “terroristas” que pilotaron los aviones, cuando la mayoría de ellos, ni siquiera estaba en Estado Unidos, según se comprobó posteriormente.

10.- El testimonio del famoso cineasta y político Aaron Russo sobre el anuncio que le hiciera, durante una fiesta, Nick Rockefeller al informarle sobre un “evento” (atentado terrorista”) que le ayudaría a Estados Unidos a llevarse el petróleo de Irak, nada menos que nueve meses antes de que ocurriera la destrucción de las Torres Gemelas.



(Fuente: ElblogdeTony.com)

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