sábado, 26 de mayo de 2012

INMIGRACIÓN Y DEMAGOGIA


Uno empieza a estar ya harto de esos eMails en que, a partir de la más burda demagogia, algún simple intenta proponer como modélico el enésimo avatar que el fascismo ha adoptado. Me molestan porque prescinden de la capacidad de análisis, de la sutileza que es propia de una inteligencia operativa, y de la sensibilidad. El último que he recibido cuestiona la "inadaptación" de los inmigrantes franceses, y se supone que es obra del Primer Ministro francés François Fillon. Dice así:

"Los inmigrantes no franceses deben adaptarse (...) estoy cansado de que esta nación se preocupe por saber si ofendemos a determinados individuos o a su cultura. Nuestra cultura se ha desarrollado en luchas convertidas en victorias por millones de hombres y mujeres en busca de la libertad.

Nuestra lengua oficial es el francés (...). En consecuencia, si ustedes desean formar parte de nuestra sociedad, ¡aprendan la lengua! La mayoría de los franceses creen en Dios. No se trata de una obligación cristiana, de la influencia de la derecha ni de presión política, pero es un hecho, porque hombres y mujeres fundaron esta nación sobre principios cristianos, y esto se enseña oficialmente.
Es perfectamente adecuado difundirlo en los muros de nuestras escuelas...

Si Dios les ofende, les sugiero que consideren otra parte del mundo como país de acogida,

Nosotros aceptamos sus creencias sin cuestionarlas. Lo único que les pedimos es que acepten las nuestras y que vivan en pacífica armonía con nosotros. Éste es nuestro país, nuestra tierra y nuestro estilo de vida.

Y les ofrecemos la oportunidad de aprovechar todo ello. Pero si están cansados de nuestra bandera, de nuestro compromiso, de nuestras creencias cristianas o de nuestro estilo de vida, les recomiendo calurosamente que aprovechen otra gran libertad francesa: el derecho a marcharse.

Si no son felices aquí, que se marchen. No les hemos obligado a venir. Han pedido estar aquí. Acepten, pues, el país que han elegido."

Existe una réplica a este demagógico panfleto que, inevitablemente, no va a aparecer en los medios de comunicación, ni va a circular en eMails en cadena. Es, sencillamente, una reflexión seria y profunda acerca de los problemas por los que el primer ministro pasa como elefante por cacharrería, y que concluye con una rabia perfectamente justificada. Que esta carta sea ignorada es la confirmación absoluta del dicho que afirma que "quien no sabe razonar es un ignorante, quien no se atreve es un esclavo, y quien no quiere es un fanático".


Estimado sr. Fillon:

Desde mi condición de inmigrante agradezco el tiempo que dedica Vd. a pensar en nosotros, los no franceses que buscamos una oportunidad de supervivencia y prosperidad en el país del que Vd. es primer ministro. Lo que le agradecería aún más es que puntualizase a qué debemos adaptarnos, dado que la vaguedad de su discurso parece más adecuada a ganarse el aplauso de los suyos que a contribuir constructivamente a un problema, el de la convivencia, que no admite simplificaciones, y en el que lo más fácil es la demagogia, y lo difícil las soluciones.

No nos habla Vd. de un contrato de integración, lo cual sí sería constructivo, porque todo contrato establece derechos y deberes. En cambio, nos habla Vd. sólo de deberes, en el lenguaje prepotente de la falsa superioridad. Dice estar cansado de pensar en si ofende, ¿se ha cansado Vd. de pensar en si ofende a las mujeres, los homosexuales, las minorías desfavorecidas, las religiones minoritarias, …? ¿O sólo se cansa de los que no puede convertir en clientes electorales? Nos dice Vd. que aceptemos sus creencias, como si el valor de las personas se cifrase en ideas que, por definición, son cambiantes (salvo para un fanático), pero no hemos venido a este país para confirmar sus creencias, sr. Fillon, sino -repito- para encontrar una vida más digna que la que nos ofrecían los países que Vds. han expoliado hasta hacerlos invivibles. Supongo que decir que "su cultura se ha desarrollado en luchas convertidas en victorias por millones de hombres y mujeres en busca de la libertad" satisfará a quienes ignoran la verdadera historia, pero cuando quiera concretarla en la descolonización de Argelia, o de Vietnam, el tono de orgullo que exhibe será incompatible con el relato de las atrocidades cometidas por sus ejércitos contra la libertad de otros pueblos sojuzgados, supongo que porque la "grandeur" francesa no admite reconocer como iguales en dignidad y derechos a esos pueblos a quienes miran ustedes desde el desprecio y el racismo, algo que, desde luego, no van a "difundir en los muros de sus escuelas".

Nos recuerda que la mayoría de los franceses creen en Dios. Eso significa que una minoría no lo hace. ¿Son mejores los creyentes por ser más? Dios no nos ofende. Nos ofende el uso que ustedes hacen de él. Un sistema social y político digno se define no por la imposición de ideas subjetivas, sino por el respeto a los derechos de las minorías. Si de algo se puede enorgullecer Francia es de haber creado un sistema educativo laico, que busca formar ciudadanos y no súbditos sumisos a ideas irracionales. Que haya quien las secunde no puede fundamentar ninguna imposición.

Finalmente, se ufana Vd. de que hayamos "elegido" su país. Espero que no suscriba Vd. esa retórica nada inocente que invita al inmigrante a volver a "su" país. Si yo tuviera un país que fuera "mío", dispondría de él, pero quienes en verdad disponen de "mí" "país de origen" -¡qué distinto es usar este término, mucho más correcto!- son gentes aupadas, sostenidas y financiadas por ustedes. Un país que podía considerar "suyo" tenía Muammar El-Gadaffi, el financiador de la campaña electoral de Sarkozy. Es el mismo caso de Bokassa, emperador caníbal sostenido por Francia, que incluso le facilitó asilo cuando su pueblo le expulsó. Tampoco su país ha tenido el menor escrúpulo moral en sostener en el poder o acoger en el exilio a dictadores de la catadura moral de Duvalier, Zine el Abdin Ben Alí, Porfirio Díaz, etc., etc.

¿Acaso ellos representan el "estilo de vida" que Vd. dice defender?

Porque si eso es lo que, sr. Ministro, se ha callado Vd. en su demagógica arenga, tan sólo puedo decirle que es Vd. un hipócrita.


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