viernes, 18 de mayo de 2012

EL PRINCIPIO DEL FIN

"Recojo" de un participante en La Granja Humana.com un análisis preciso y nada complaciente de la situación que estamos viviendo, preludio de algo que va a ser infitamente peor si no lo paramos. No es fatalismo, es sencillamente constatar que la historia se repite más que la morcilla (y además ambas se hacen con sangre, la metáfora es de Ángel González).

Vemos cómo cada semana se emite deuda cuya única finalidad es poder pagar la deuda anterior, a intereses que estrangularán a generaciones futuras de trabajadores, y encima se aplaude y se anuncia la buena nueva de que esa deuda se está colocando, como si eso fuera un gran logro…

Esa deuda que se emite hoy no es más que una huida hacia adelante, que no hará más que retrasar lo inevitable, y que cuanto más se atrase más difícil será de vivir.

Estamos asistiendo al principio del fin de un sistema piramidal y artificioso, pues la deuda crece a ritmo más rápido que el de la creación de riqueza real. De la riqueza que queda (de todo tipo: tierras, bienes de consumo, de producción, activos materiales o inmateriales) se está llevando a cabo un trasvase, desde manos numerosas y anónimas, a unas pocas manos con nombres y apellidos. No tengáis duda de que en estos momentos alguien se está haciendo de oro especulando con la caída del euro en los mercados de divisas.

La historia se repite a sí misma, aunque en distintos escenarios. En el antiguo Imperio Romano, cuando un súbdito no podía pagar una deuda contraída alguien se frotaba las manos, pues ese ciudadano dejaba de serlo y se convertía en esclavo de su acreedor (¿os suena esa situación?).

Posteriormente Solón anuló ese sistema, para dar paso a la “democracia”. Actualmente los Estados no pueden pagar su deuda y para ello dependen cada vez en mayor medida del sistema financiero, luego no son libres ni soberanos. Ergo: no hay democracia.

Los emperadores del antiguo Imperio Romano se endeudaron para poder financiar guerras con las que conquistar nuevas tierras, que a su vez generarían nueva riqueza para así continuar endeudándose (¿os suena?).

Se llevó a cabo una gran “flexibilización monetaria” para emitir más moneda (esto se hacía recurriendo a aleaciones), con los resultados de una rápida devaluación e hiperinflación (¿os suena?).

Tras la mastodóntica devaluación se justificó el machacar con impuestos a la población. La consecuencia fue un empobrecimiento sin precedentes en un tiempo récord (perdonad por mi insistencia, pero ¿os suena?).
El tejido y la cohesión social se debilitaron, dejando el campo libre a nuevos vientos que acabarían echando abajo el castillo de naipes al que había quedado degradado el antiguo Imperio.

El problema es que hoy no hay tierras nuevas ni lejanas en las que encallar este barco que zozobra. Pues la situación, acorde con los tiempos, es global. Somos testigos accidentales de momentos tristemente históricos.

(Fuente: Samaruquet, en  http://mundodesconocido.com/WordPress/?p=3491)

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