martes, 1 de mayo de 2012

ACERCA DE LA "EJEMPLARIDAD" DE LA FAMILIA REAL (1ª parte)


"Si la libertad significa algo, es el derecho de decir a los demás lo que no quieren oír" (G. Orwell).

¿Qué confianza se puede tener en el rey si ante una encrucijada de ruina y de peligro de mayor ruina se permite ausentarse de la Corte miles de kilómetros para practicar un safari? Y ello tras la situación de oprobio en que se encuentra la monarquía por haber calado en ella la extendida y desaforada corrupción. ¡Y de que manera! Casi a diario se viene publicando nuevos descubrimientos de los manejos del yerno real con visible trincar, quedando cada vez más implicada en ellos su esposa la infanta Cristina. Ante la situación de penuria, de hambruna, que atraviesa el país no es honesto permitirse tan caro placer –tampoco lo es en sí matar elefantes-, y si, como se dice, no constituyó dispendio, sino que fue un regalo, ocurre que no es legal ni ético que un rey, un presidente, un político cualquiera acepte obsequios costosos, ya que es un indirecto venderse, habida cuenta de que nadie hace grandes regalos a cambio de nada. No es aceptable, y lo impide también la dignidad. Se puede dispensar afecto a una persona con pequeñas atenciones, que, como dice Séneca, no hemos de poner los ojos en lo que vale lo que se da, sino en la bondad de quien lo da.

¿Es don Juan Carlos –también durante toda su vida un donjuán- muy cazador, y sin sus monterías no puede vivir? Pues que abandone el trono si antepone los safaris a sus obligaciones de jefe de Estado; que deje su simbólico papel. Le quita el sueño –dijo- el paro juvenil; debiera quitársele el paro de todos y en general el de tantas y tantas familias sin el debido alimento y atención y pasando fatigas sin cuento a causa de la crisis económica que ha traído la avaricia y la desaprensión de un infinito número de corruptos en la faceta de trincar. Como jefe de Estado debió actuar adecuadamente con su yerno e hija cuando se hizo público -Caso "Babel"- que el enriquecimiento a que llegaron era debido a lo que la Casa Real denominó “conducta no ejemplar” de Urdangarín. ¡Y tan no ejemplar! La describirían mejor términos más rotundos: escandalosa, injusta, depravada, etc.

Ni el paro juvenil y no juvenil, ni la desastrosa economía de España –que tiene como efecto la general, y la corregida y aumentada propia, que la ha llevado a ser de los países en peor situación-, le quitan el sueño al rey, pues que él y familia están a resguardo de la crisis. Si acaso le quitó el sueño alguna amante de turno, tal como el notorio aprieto en que le puso Bárbara Rey. Pero siempre el silencio, la no información de la vida y milagros de la Familia Real. ¿Quién como ellos? Ni siquiera la dinastía Windsor ha contado con tal privilegio, pues su "no ejemplaridad" ha sido comentada por todo el país y allende la frontera; tal como sucede hoy con los Borbones. Pero a partir de noviembre al salir a la palestra, como digo, el "affaire" del marido de la infanta, y con evidente aferramiento a desvincular a ésta. Ya veremos si es posible hasta el final de la causa penal, ya que los mails que acaba de presentar el ex socio la comprometen sobremanera, por si lo motivase poco la circunstancia de copropiedad en el matrimonio adquirida con el dinero que Urdangarín ”ganó” con la presentación en su tarjeta del símbolo de la Casa Real, así como alguna otra que por aquí y por allá fueron apareciendo.

Alguien desde un relevante programa de Radio ha manifestado que de Urdangarín se ha dicho ya todo, pero del rey todavía se callan cosas. Hace poco más de un mes que se emitió, mas la información va ganando terreno a pasos agigantados y facilitado por los malos ejemplos que están dando. Últimamente, el negarse la Casa Real a ser incluida en la Ley de Transparencia y recientemente no ya con el alejamiento del rey a los españoles, sino recalcando su indiferencia como pone de relieve el viaje que ha hecho importándole un bledo la crisis. A duras penas, y por ser pillado en corrupción el referido miembro de la realeza, consintió el rey, después de treinta y seis años de negarse, presentar cuentas de la cantidad que se le asigna de los Presupuestos del Estado, o sea recaudados a la ciudadanía. Y ante tal hecho se ha montado como una propaganda de sinceridad; ¡vamos anda!

¿Por qué no ha de conocerse el gasto que a distintos ministerios supone la Casa del Rey? Es conditio "sine qua non", condición indispensable, para que se pueda hablar de transparencia de la monarquía. A ver si los políticos que despachan con don Juan Carlos le transmiten que existe una demanda de total transparencia e información en torno a su Casa y persona. El pacto de silencio –el “a callar” de los dos partido políticos y de la prensa, la permisividad o tolerancia excesiva- se ha roto, sobre todo por parte de los medios de información, y continuarán saliendo trapos sucios. Se acabó el privilegio que hasta cierto punto ha sido mayor que el de algunos reyes absolutistas. Se impone, y ahora ya se ha atrevido la sociedad a pedirlo, la confección de una Ley de la Corona. Muy lejos está ya la Transición y no ha de vivir la monarquía de las rentas de la misma.

Manuel López Peralta

(Fuente: http://ultimasnoticiaspress.blogspot.com.es/2012/04/el-desagrado-que-causa-la-familia-real.html)

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