miércoles, 14 de marzo de 2012

DIRECTIVO DE GOLDMAN SACHS RENUNCIA EN PROTESTA POR LA FALTA DE ÉTICA DE LA ENTIDAD

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Al fín un indicio de que el despertar se está dando también en el corazón mismo de la Matrix financiera: Greg Smith, director ejecutivo de Goldman Sachs -uno de los gigantes de Wall Street, fundado en 1869- y jefe del negocio de derivados en Europa, Oriente Medio y África, ha hecho pública su renuncia en una carta al "New York Times" en que denuncia las malas prácticas de la entidad con el objetivo de sacar el máximo dinero posible a sus clientes.

"Hoy es mi último día en Goldman Sachs. [Después de 12 años] Puedo decir honestamente que el ambiente es ahora más tóxico y destructivo que nunca -cuenta el ya ex-directivo-. Me pone enfermo cómo la gente habla cruelmente de timar a sus clientes. Durante los últimos 12 meses he visto a cinco directores referirse a sus propios clientes como 'marionetas', algunas veces en correos internos".

"Actualmente, la pregunta más común que recibo de mis analistas 'junior' sobre derivados es: ¿Cuánto dinero podemos sacarle a este cliente?", afirma Smith.

"El liderazgo tenía que ver con tener ideas, ser un ejemplo y hacer lo correcto. Ahora, si haces suficiente dinero para la firma, serás promocionado a una posición de influencia", añade Smith en la misiva, que el "New York Times" destaca en su portada.

"Actualmente, la pregunta más común que recibo de mis analistas 'junior' sobre derivados es: ¿Cuánto dinero podemos sacarle a este cliente?", afirma Smith.

Cuando muchos ministros de paises europeos, incluido el nuestro, presumen en su curriculum de haber trabajado en Goldman Sachs, Greg Smith explica así las tres reglas para ascender en el mega-banco: a) ejecutar lo que califica de "hachazos" de la firma, esto es, convencer a los clientes para invertir en acciones u otros productos de los que el banco intenta deshacerse porque no cumplen con su expectativa de generar beneficios; b) "la caza de elefantes" ("Hunt elephants"), consistente en colocar a los clientes productos que beneficien al banco, aunque no sean rentables para ellos, y c) "encontrarte en un escritorio desde el cual gestionas productos insolventes y opacos designados con unas siglas de tres letras". "Pueden llamarme anticuado -puntualiza Smith-, pero no me gusta vender a los inversores productos que no son adecuados para ellos".

Obviamente ahora vendrán las descalificaciones sobre este ejecutivo que ha elegido la ética frente a la codicia. La manada de chacales de la que se ha autoexcluído cerrará filas en defensa de su pretendido derecho a la usura legal, pero en su aparentemente sólida fortaleza se dibuja una nueva grieta, que no será la última.

Brindemos por ello.
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