jueves, 8 de marzo de 2012

ASESINOS DEL PENSAMIENTO: LA BATALLA POR EL CONTROL DE LA MENTE (4)

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Tras revisar los resultados de los experimentos cinco años después de finalizado el programa MkUltra, un auditor de la CIA escribió en su informe: “Deben ser tomadas todas las precauciones, no sólo para proteger las operaciones de su exposición a las potencias enemigas, sino también para sustraer estas actividades del conocimiento del público norteamericano en general. Saber que la agencia está implicada en actividades ilícitas y poco éticas podría tener graves repercusiones en círculos políticos y diplomáticos”. Estos estudios no fueron llevados a cabo simplemente para satisfacer la curiosidad científica de la CIA. La agencia buscaba armas que otorgasen a Estados Unidos la superioridad en el campo del control mental. Para la consecución de ese objetivo la agencia invirtió millones de dólares en estudios que exploraron las posibilidades de decenas de métodos para influir y controlar la mente humana.

Un documento de 1955, parte del escaso material impreso que pudo salvarse de la destrucción “por accidente”, puede servir para darnos una indicación del tamaño y la amplitud de este esfuerzo. Se trata de una nota referida al estudio de un catálogo de sustancias que, entre otras cosas, servirían para: - “Potenciar el pensamiento ¡lógico y la impulsividad hasta el punto de que el sujeto quede desacreditado en público”. - “Incrementar la eficacia del pensamiento y de la percepción”. - “Prevenir o contrarrestar los efectos de la intoxicación etílica”. - “Potenciar los efectos de la intoxicación etílica”. - “Producir los síntomas aparentes de enfermedades reconocidas de manera reversible para poderlos utilizar con el fin de fingirse enfermo, etc”. - “Hacer la hipnosis más fácil o realzar de alguna manera la utilidad de esta técnica”. - “Potenciar la capacidad de los individuos para soportar privaciones, tortura y coerción durante los interrogatorios, así como impedir el ‘lavado de cerebro’”. - “Producir amnesia respecto a los acontecimientos que preceden al empleo de la sustancia”. - “Producir reacciones de trauma y confusión durante períodos dilatados de tiempo, susceptibles de ser empleados con diversos propósitos”. - “Producir incapacidades físicas tales como parálisis de las piernas, de anemia aguda, etc”. - “Producir estados de euforia ‘pura’ sin ningún tipo de resaca”. - “Alterar la estructura de la personalidad de manera tal que la tendencia del sujeto para llegar a ser dependiente de otra persona se potencie”. - “Causar una confusión mental de tal intensidad que el individuo bajo su influencia encuentre difícil mantener una mentira en el transcurso de un interrogatorio”. - “Rebajar la ambición y la eficacia laboral de los individuos cuando sea administrada en cantidades imperceptibles”. - “Potenciar la debilidad o la distorsión de las facultades visuales o auditivas, preferiblemente sin efectos permanentes”.

El control de la mente

El concepto de control mental es contemplado por la mayoría de las personas como algo futurista o fabuloso. Suelen decir los teólogos cristianos que la mayor astucia del diablo es hacer creer en su no existencia. Con el control de la mente sucede lo mismo. Sin embargo, los seres humanos han empleado técnicas eficaces de manipulación del pensamiento desde tiempos inmemoriales, cuando los primeros oligarcas se sintieron tentados de explotar los miedos y deseos de sus súbditos; desde que los primeros místicos comenzaron a caminar activamente por la senda que los llevaría a obtener la comunión con sus deidades, o desde el primer momento en que un hombre decidió aventurarse por los resbaladizos terrenos del entendimiento de la psique humana. El control mental, definido ampliamente, ha estado con nosotros de una forma u otra desde el principio de la civilización. Parece ser que los propagandistas estadounidenses de la Guerra Fría no estaban tan desencaminados al afirmar que los rusos habían sido los primeros manipuladores mentales de la Historia. Hace 4500 años las tribus koyak y wiros de la región central de Rusia llevaron a cabo lo que podría definirse como los primeros experimentos en estimulación de la videncia a través de las drogas. Del hongo Amanita muscaria consiguieron sintetizar una sustancia que, administrada a sus guerreros, eliminaba por completo sus sensaciones de miedo y ansiedad, aparte de incrementar considerablemente su fortaleza física, su agresividad y hacerlos inmunes al dolor mientras durasen los efectos de la droga. Era la versión real de la conocida pócima milagrosa que ingieren los guerreros galos de los cómics de Astérix. En el caso de las tribus rusas, los chamanes poseían un pequeño truco para incrementar la potencia de la sustancia: el hongo era previamente dado a comer a un reno, y lo que bebían los guerreros en la víspera de la batalla no era otra cosa que la orina del animal. No fueron los únicos que recurrieron a tan poco ortodoxos brebajes. La ferocidad de los guerreros vikingos también dependía en gran medida de la ingesta de orina de ciervo. Los ejércitos hindúes recurrían regularmente a ayudas químicas para reforzar su valor, así como los nativos norteamericanos. Los guerreros incas utilizaban la hoja de coca con los mismos fines. Esta antigua tradición ha tenido fiel reflejo en el siglo XX. Sin ir más lejos, durante la guerra de Vietnam los soldados estadounidenses disponían de una amplia gama de narcóticos, desde marihuana a heroína, o anfetaminas y demerol para los más sofisticados. Aún hoy, los grupos tribales más levantiscos de Somalia, Ruanda y Liberia no salen al combate sin llevar en la mochila abundantes provisiones de drogas locales, sobre todo hoja de kat.

En las culturas tribales, el chamán se prepara para la curación o el contacto con los espíritus retirándose a una cueva o a un lugar similar con tal de que sea extremadamente oscuro y silencioso; en otras palabras, una cámara de privación sensorial como la que utilizaba el doctor Cameron para comprobar qué sucedía en las mentes de sus pacientes tras pasar largos períodos de tiempo privados de estímulos visuales y auditivos. En otras culturas, la magia sólo tiene lugar tras largas sesiones de cánticos repetitivos y rítmicos tambores, una técnica que en nuestros entornos urbanos occidentales utilizan no pocas sectas destructivas. Como dijo en su momento el conocido psiquiatra británico William Sargant respecto a este tipo de rituales, “algunas personas pueden producir un estado de trance y disociación en sí mismos o en otros, con tal de someter al sujeto a una serie de tensiones emocionales fuertes y repetidas, hasta convertir ese estado en un patrón condicionado de la actividad del cerebro que se dé incluso ante estímulos de menor importancia; por ejemplo, en el contexto religioso primitivo, el golpeteo rítmico del tambor o el griterío de los asistentes y el estridente colorido de la ceremonia. (...) Si el trance es acompañado por un estado de disociación mental, la persona que lo experimenta puede ser profundamente influenciada en su pensamiento y comportamiento subsecuentes”. Prácticas similares obtuvieron resultados parecidos incluso en el estricto marco de la Iglesia católica. Santa Teresa de Jesús fue la más importante mística del siglo XVI, y su famosa frase en la que afirmaba que Dios se encuentra entre los pucheros se ha convertido en lugar común. Sin embargo, la santa de Ávila no recibió sus visiones espontáneamente mientras se encontraba en la cocina del convento. Por el contrario, para experimentar el contacto directo con la divinidad necesitó pasar penurias, soledad, disciplina terminante, cantos y rezos. Todo un proceso de autoinducción hipnótica continua que dio lugar al éxtasis místico presa del cual aparece representada en la famosa estatua de Bernini.

Como vemos, las técnicas son tan antiguas como el hombre. La posibilidad existía desde antiguo: lo único que hicieron los científicos de MkUltra fue perfeccionar y sistematizar las técnicas de control mental con objeto de obtener determinados fines. En 1996 el programa de televisión 60 Minutos, referencia obligada en el periodismo de investigación estadounidense, presentaba ante los atónitos ojos del público norteamericano los ocultos entretelones de MkUltra. Por primera vez se pudo escuchar en un medio de alcance nacional que tras los experimentos de la CIA se encontraba algo más que el relativamente inocente propósito de encontrar un suero de la verdad. De hecho, la agencia sabía que el LSD no tenía utilidad alguna para este propósito, pero aun así los experimentos continuaron en pos de fines mucho menos confesables. Los periodistas de 60 Minutos descubrieron, además, que la intoxicación del doctor Olson no había sido fruto de un experimento irresponsable, como se creía hasta ese momento, sino un deliberado intento de silenciar a un testigo molesto que amenazaba con denunciar una línea de investigación científica que consideraba tan inmoral como ilegal. También se descubrieron indicios que hacen sospechar que su presunto suicidio pudo ser un asesinato.

Conclusión

Probablemente nunca se terminará de conocer toda la verdad respecto a este oscuro y lamentable capítulo de la historia reciente. Todo lo que queda del Proyecto MkUltra cabe en los siete archivadores de cartón que contenían los escasos documentos a los que pudo tener acceso el Comité del senador Ted Kennedy. A pesar de que sus nombres son conocidos, nunca se ha tomado acción legal alguna contra los participantes del proyecto. Ninguno de ellos fue siquiera expulsado de la agencia o llamado ante sus superiores para rendir cuentas de sus actos. Tal vez lo que mejor resuma la situación sean las palabras que el senador Kennedy pronunció en su momento ante el Senado estadounidense: “la Comunidad de Inteligencia de esta nación, que requiere un velo de secreto para operar, cuenta con la sacrosanta confianza del pueblo norteamericano. El programa de experimentación con seres humanos llevado a cabo por la CIA durante los años cincuenta y sesenta defrauda esa confianza. Esta violación se reiteró el día de 1973 en que fueron destruidos todos los documentos sobre este tema. Y la confianza del pueblo norteamericano se vuelve a defraudar cada vez que un responsable oficial se niega a dar detalles sobre este proyecto”. Más de veinte años después de pronunciadas estas palabras, la CIA continúa sin ofrecer información sobre MkUltra.

(Fuente: Santiago Camacho, "20 grandes conspiraciones de la historia", Ed. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005)

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