jueves, 2 de febrero de 2012

UN VISTAZO A LA PRETENDIDA "SUPERIORIDAD MORAL" DEL REY EN EL CASO URDANGARIN (11)

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El rey Juan Carlos I de España es, en los hechos, prácticamente un “intocable” a nivel mediático, donde sólo aparece como “el rey de todos los españoles” mientras se soslayan totalmente sus aventuras empresariales, sus negocios poco claros y la construcción de su gran fortuna personal, y mucho más aún sus otras aventuras, las de índole romántica.

Sobreprotegido “como una delicada planta de invernadero”, como señala Decio Machado, el monarca disfruta de inmunidad penal ante cualquier delito y se han publicado muy escasas noticias con un mínimo de objetividad sobre su persona y sus actuaciones políticas. Además está protegido hasta por el Código Penal español, que en su artículo 490.3 dice: “El que calumniare o injuriare al rey será castigado con la pena de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de seis a doce meses si no lo son”, mientras su artículo 491 expresa: “Se impondrá pena de seis a 24 meses al que utilizare la imagen del rey o de sus familiares de cualquier forma que pudiera dañar el prestigio de la Corona”. Ello ha generado procesos por injurias en varias ocasiones, como por ejemplo algunos artículos y un dibujo que llevaron ante los tribunales a la revista satírica “El Cocodrilo” en 1987, a grupos musicales como Eskorbuto y Sociedad Alcohólica por el contenido de sus canciones, y al dirigente de izquierda Javier Madrazo por decir: “Ya que le pagamos policías, yates, viajes a esquiar y a montar a caballo, no habría estado de más que por una vez abandonase sus ocupaciones y compartiese con la sociedad su preocupación por la guerra de Irak”, como se ve, una frase de un vejatorio, ofensivo e injurioso intolerable, vamos, ... pedirle sensibilidad a Su Majestad, ¿dónde vamos a llegar?.

Es así como, entre las represalias legales y la autocensura de los medios, transcurre plácidamente la inmunidad -¿e impunidad?- de Juan Carlos de Borbón. Precisamente los medios españoles, entre los cuales pese a las marcadas diferencias entre unos y otros han llevado a cabo un pacto de “no agresión”, han preferido apoyar el reto de convertir en salvaguarda de la democracia, ya desde el momento de acceder al trono, a “un joven sin demasiadas virtudes intelectuales, con visibles problemas de dicción y con su legitimidad política heredada de Franco”, como indica el periodista Miguel Angel de Lucas. Hasta la propia Constitución española ampara al monarca, a quien considera “constitucionalmente irresponsable”, ya que según uno de sus apartados “su persona es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.

Un hecho protagonizado por el rey Juan Carlos en 2004 sólo pudo ser leído en detalle en diarios de Rumania o Rusia, aunque también fue comentado por el diario español “El Mundo”. Ocurrió tras una de sus expediciones de caza, cuando en octubre de ese año Juan Carlos pasó una semana en la región de Covasna, en Rumania, al pie de los Cárpatos, alojándose en una cabaña que perteneció el ex dictador Nicolae Ceausescu. Su primera visita a ese país para cazar había sido precisamente cuando fue invitado por éste, varios años atrás. En esta última ocasión se dedicó a dispararle a osos y lobos, pese a que se trata de especies en vía de extinción y a que el gobierno rumano había firmado acuerdos para su protección, como señaló en su momento el diario local “Romania Libera”. El rey, sin tener en cuenta estas cuestiones, abatió a un lobo y nueve osos jóvenes, entre éstos una hembra en gestación. Esta cacería, que desató las críticas de ecologistas del este europeo, incluyó la lamentable humorada de que algunos obsecuentes rumanos prepararan a un dócil oso de un centro turístico, llamado “Mitrofan”, emborrachándolo (algunos malintencionados dijeron que el fin era que cazador y presa estuvieran en igualdad de condiciones) con abundante vodka mezclado con miel para después obligarlo a salir al campo. Obviamente, el pobre “Mitrofan” fue fácil presa de los disparos de Juan Carlos.

Pero, osos aparte, hubo un aspecto crucial en la historia de España, ya con Juan Carlos como rey, en el que los medios, los políticos y buena parte de la sociedad también se “autoamordazaron”. Fue en ocasión del golpe del 23 de febrero de 1981, conocido como “el Tejerazo” por la incursión del teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso, pistola en mano y al frente de 288 miembros de la Guardia Civil, momento reflejado en una famosa foto que recorrió el mundo. En una acción sincronizada, al mismo tiempo el general Milán del Bosch sacaba los tanques en la ciudad de Valencia. Es un chusco episodio en toda esta historia que merece -y tendrá- capítulo aparte en este "blog".

(Fuente: http://odiseaazul.blogspot.com/2011/02/los-negocios-de-juan-carlos-de-borbon.html)

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