jueves, 23 de febrero de 2012

LA CARA OCULTA DE LA TRANSICIÓN: EL ASESINATO DE CARRERO BLANCO Y EL 23-F (3)

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El “revuelo de entorchados” comenzó a las dieciséis horas y veinte minutos del 23 de Febrero de 1981: una veintena de agentes del servicio secreto de la Guardia Civil, vestidos de civil y fuertemente armados, llegan a los alrededores del Congreso de los Diputados en cinco automóviles. Con la rapidez y el aplomo que caracterizan a los profesionales, cortan los accesos al edificio de la carrera de San Jerónimo. Al mando se encuentra un teniente del servicio de información del cuerpo que cumple órdenes directas del coronel Cassinello, jefe de Estado Mayor. El sargento responsable de la seguridad exterior del edificio se pliega a sus órdenes y él hace un rápido y discreto reconocimiento. Comprobado que se cumplen las condiciones necesarias para una ocupación sin problemas del hemiciclo, el teniente coronel Tejero recibe en el parque de automovilismo de la Guardia Civil la noticia de que el objetivo está maduro y listo para ser ocupado conforme a las órdenes recibidas. A las seis y veinticuatro minutos de la tarde se oyeron ruidos en el exterior del hemiciclo y el presidente de la Cámara, Landelino Lavilla, ordenó a un ujier que fuera a ver qué estaba ocurriendo. No dio tiempo. En ese momento el salón de Plenos fue invadido por una tropa de guardias civiles armados al frente de los cuales se encontraba el teniente coronel Tejero que, al grito de: “Quieto todo el mundo; todos al suelo”, obligó a los diputados a parapetarse tras sus asientos, mientras los asaltantes disparaban ráfagas de ametralladora al aire. 445 guardias civiles tomaron posiciones en el Congreso en nombre del rey y de España. Eran efectivos del parque automovilístico del subsector de Tráfico de Madrid, de la Academia de Tráfico y de la Primera Comandancia Móvil de Valdemoro. Completada la operación de toma del Congreso, Tejero entró en contacto telefónico con el general Milans del Bosch en Valencia: “Mi general, sin novedad. Todo en orden, todo en orden. Sin novedad”. Tras esta llamada se cortaron las comunicaciones con el exterior. Según fuentes presenciales, junto a Tejero se encontraba Sáenz de Inestrillas, el otro condenado por la Operación Galaxia.

Desde ese momento, los asaltantes trataron de tranquilizar a los diputados: “Permanezcan ustedes tranquilos. Insisto en que no va a pasar nada. Dentro de unos minutos, un cuarto de hora o a lo sumo media hora, comparecerá la autoridad militar competente, que dispondrá lo que se ha de hacer”. En Valencia, a las siete y veinte, el capitán Fraile procedía a la lectura del siguiente comunicado del capitán general, Jaime Milans del Bosch: "Capitanía General de la III Región Militar. Excelentísimo don Jaime Milans del Bosch y Ussía, teniente general del Ejército y capitán general de la III Región Militar, hago saber: ante los acontecimientos que se están desarrollando en estos momentos en la capital de España y el consiguiente vacío de poder, es mi deber garantizar el orden en la región militar de mi mando hasta que se reciban las correspondientes instrucciones de Su Majestad el Rey. En consecuencia, dispongo:

- Artículo primero. Todo el personal afecto a los servicios públicos de interés civil queda militarizado, con los deberes y atribuciones que marca la ley.

- Artículo segundo. Se prohíbe el contacto con las unidades armadas por parte de la población civil. Dichas unidades repelerán sin intimación ni aviso todas las agresiones que puedan sufrir con la máxima energía, igualmente repelerán agresiones contra edificios, establecimientos, vías de comunicación y transporte, servicios de agua, luz y electricidad, así como dependencias y almacenes de primera necesidad.

- Artículo tercero. Quedarán sometidos a la jurisdicción militar y tramitados por procedimientos sumarísimos todos los hechos comprendidos en el artículo anterior, así como los delitos de rebelión, sedición y atentado o resistencia a los agentes de la autoridad, los de desacato, injuria, amenaza o menosprecio a todo el personal militar o militarizado que lleve distintivo de tal, cualquiera que lo realice, propague, incite o induzca; igualmente, los de tenencia ilícita de armas o cualquier otro objeto de agresión.

- Artículo cuarto. Quedan prohibidos los lock-out, huelgas (...), se considera como sedición el abandono del trabajo, siendo principales responsables los dirigentes de sindicatos y asociaciones laborales.

- Artículo quinto. Quedan prohibidas todas las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos, prohibiéndose igualmente las reuniones superiores a cuatro personas, así como la utilización por los mismos de cualquier medio de comunicación social.

- Artículo sexto. Se establece el toque de queda desde las nueve de la noche hasta las siete de la mañana, pudiendo circular únicamente dos personas, como máximo, durante el citado plazo de tiempo por la vía pública y pernoctando todos los grupos familiares en sus respectivos domicilios.

- Artículo séptimo. Sólo podrán circular los transportes y vehículos públicos, así como los particulares debidamente autorizados. Permanecerán abiertas únicamente las estaciones de servicio y suministro de carburante que diariamente se señalen.

- Artículo octavo. Quedan suprimidas la totalidad de las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos.

- Artículo noveno. Todos los cuerpos de seguridad del Estado se mantendrán bajo mi autoridad.

- Artículo décimo. Igualmente, asumo el poder judicial, administrativo, tanto del ente autonómico como los provinciales y municipales.

- Artículo undécimo. Estas normas estarán en vigor el tiempo estrictamente necesario para recibir instrucciones de Su Majestad el Rey o de la superioridad. Este Bando surtirá efectos desde el momento de su publicación. Por último, se espera la colaboración activa de todas las personas, patriotas, amantes del orden y de la paz, respecto de las instrucciones anteriormente expuestas. Por todo ello termino con un fuerte ¡Viva el Rey!. ¡Viva por siempre España!.

Valencia, a 23 de Febrero de 1981 El teniente general Jaime Milans del Bosch"

A las siete y media llegó a las inmediaciones del Congreso un destacamento de la Guardia Civil que rodeó el edificio y desalojó a la multitud que se había concentrado en sus proximidades. Al mismo tiempo, un grupo de exaltados de extrema derecha se reunía en el paseo del Prado lanzando vivas al rey, a la Guardia Civil y a Franco. Durante unos minutos no pararon de llegar al Congreso numerosas dotaciones de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Aquello era el caos. Los policías ignoraban a quién secundaban los guardias civiles y ni siquiera los propios guardias estaban muy seguros los unos de los otros. Incluso hubo frecuentes intercambios entre los golpistas y sus compañeros del exterior. Con la llegada del director general de la Benemérita, el general Aramburu Topete, la situación empezó a normalizarse.

“Duque de Ahumada”

Mientras tanto, el líder de los conspiradores, el general Armada, toma el mando del Cuartel General del Ejército de Tierra, ya que su superior en el mando es convocado inmediatamente a la sede de la Junta de Jefes de Estado Mayor en la calle Vitruvio. Allí convenció a los generales presentes de que la solución ideal para resolver la difícil situación planteada era que él se “sacrificase” ofreciéndose como voluntario para presidir un gobierno de concentración nacional que, al estar presidido por un general y tutelado por los militares, sería suficiente para contentar a los sediciosos, mientras que, al incluir a las principales personalidades de la democracia del momento, mantendría la calma de los ciudadanos y salvaría la cara de la operación frente al exterior. Inexplicablemente, a medianoche Armada consigue que se le permita acceder al Congreso de los Diputados para parlamentar con Tejero y proponerle su solución “constitucional”. La contraseña para que Tejero reconociese a Armada como la autoridad que debía ponerse al mando del Congreso era “Duque de Ahumada”: “Tejero, quita la fuerza del hemiciclo, reintegra a su puesto a los diputados que estén fuera de él, que les voy a proponer la formación de un gobierno presidido por mí”.

Sin embargo, cuando Tejero escuchó lo que se proponía hacer Armada se debió de sentir profundamente desconcertado. A él le habían dicho que el golpe se saldaría con la formación de un gobierno íntegramente militar, nada de “concentración nacional” y menos aún de que participasen políticos de la democracia. Fue en ese instante cuando el golpe se vino abajo. En un arranque de indignación al sentirse engañado, Tejero ordena la expulsión de Armada del Congreso e intenta seguir con la insurrección por su cuenta, pero no tiene en sus manos los elementos necesarios para hacer triunfar un complot que, eliminada su pieza principal, estaba abocado al fracaso. A la una y cuarto de la madrugada, el mensaje a la nación pronunciado por el rey ponía la lápida a la intentona golpista. Diez horas después Tejero pacta las condiciones de su rendición con el propio Armada. El brillante plan trazado por Armada había sido abortado por la acción de Tejero. De no haber sido así, es muy probable que, amparándose en el ya citado artículo 8° de la Constitución, Armada habría sido designado como presidente del gobierno con las bendiciones de la Zarzuela, las Fuerzas Armadas e incluso el propio Congreso de los Diputados, apareciendo ante la opinión pública como el hombre que apareció en el momento oportuno para salvar una situación desesperada. Al parecer, los apoyos dentro de la Cámara no le hubiesen faltado al astuto general, que ya había hecho sus contactos políticos dejando al margen, claro está, sus intenciones de planear un golpe de timón. Según declaraciones al diario El País, realizadas por Adolfo Suárez el 31 de Abril de 1981: “Al general Armada la idea de presidir un gobierno de coalición se la sugirió un destacado socialista, según se decía hace ya mucho tiempo en el Palacio de la Moncloa”. Y su sucesor en la presidencia del gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, aún fue un poco más lejos: “Los hombres de la UCD en torno a Adolfo Suárez éramos los únicos que no estábamos en esa operación, puesto que, precisamente, estaba proyectada para sustituir al gobierno de la UCD. La “Operación Armada” era un montaje constitucional en el que estaba prevista una segunda moción de censura y un gobierno de concentración. Éste lo pedía, además, Carrillo porque sabía que era la única forma de que hubiera un ministro comunista. Existía un pequeño núcleo de militares que quería pasar a la acción y que tenía su propia vía independiente. Todo eso coincide el 23-F. Todas las líneas, aunque no en la misma medida, confluían en Armada”.

Así se desarrolló en líneas generales uno de los golpes de Estado más extraños de la Historia, en el que tanto los tanquistas del general Milans del Bosch en Valencia, como los guardias civiles de Tejero en Madrid, daban vivas al rey y obedecían órdenes de los dos generales más monárquicos del país. Un golpe en el que los tanques de Milans iban desarmados y los reclutas que los conducían parecían más asustados que los propios ciudadanos valencianos. Lo que quiso ser una estrategia de diseño quedó convertida en una caótica chapucería.

Conclusión

En cualquier caso, fuera o no ésta la intención de los cerebros en la sombra de este sainete, el golpe sirvió para insuflar un poco de oxígeno a la joven democracia española y asentar para siempre la monarquía como una de las instituciones más valoradas de España. Las demostraciones cívicas de los españoles en los días posteriores al golpe dejaron sumamente claro que la ciudadanía no estaba dispuesta a tolerar golpes de timón, viniesen de donde viniesen. La mañana del 24 de Febrero de 1981 terminó la transición. En algo tenía razón el general Franco: “No hay mal que por bien no venga”.

(Fuente: Santiago Camacho, "20 grandes conspiraciones de la historia", Ed. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005)

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