lunes, 13 de febrero de 2012

¿HA SIDO EL 15-M UN EXPERIMENTO DE INGENIERÍA SOCIAL? (2ª parte)

“He aprendido que las costumbres viejas pueden romperse a través de estímulos dramatizados, diseminados por una red de comunicaciones”. (Edward L. Bernays, padre de la ingeniería social al servicio del neoliberalismo)


Teniendo en cuenta que uno de los principios del capitalismo es el de la búsqueda sin fin del máximo beneficio, y el hecho de que, en estos momentos, parece haber llegado a un punto de estancamiento (real o percibido como real), parece poco acertado (y un tanto ingenuo) pensar que este nuevo producto de ingeniería social sea tan sólo un medio de mera contemporización, y no una forma de reinventarse a sí mismo, con el propósito de aumentar nuestro grado de explotación. Además, si el objetivo fuera el de la simple contemporización, ya disponía, para ello, de muchos otros mecanismos de control social, que se han revelado muy eficaces en el pasado, como el de la amenaza terrorista, tan ampliamente utilizado.

Para saber si el objetivo buscado, con el 15-M, por la clase oligárquica, es una nueva revolución capitalista, destinada a transformar las estructuras sistémicas, debemos analizar detalladamente, las críticas y las demandas realizadas por el mismo, y, especialmente, si, de cristalizar éstas en un resultado favorable, ello supondría algún tipo de beneficio para sus promotores (oligarquía capitalista).

El blanco principal de las críticas de los indignados ha sido la clase política, dejando en un segundo plano a los empresarios y al modelo de sociedad industrial capitalista. Estas críticas hacían referencia a la incapacidad de los primeros para gestionar adecuadamente los asuntos públicos. Las subsiguientes demandas, por lo tanto, venían en la línea de reducir el papel de los políticos en tales asuntos públicos, y promover una mayor participación de los ciudadanos en los mismos, pero sin especificar ningún tipo de limitación a la conocida como iniciativa privada (fundamento de la economía neoliberal o capitalismo), aunque ello acabe abocando a una subordinación de la mayoría a los intereses de una minoría.

Este planteamiento coincide plenamente con los postulados anarcocapitalistas, minarquistas y, en general, con el neoliberalismo más extremista, que busca la reducción de las funciones del Estado, en las antinaturales y deshumanizadas sociedades industriales capitalistas, a un papel mínimo (el de mero defensor de la propiedad y la iniciativa privada), para permitir una total libertad de movimientos a la iniciativa empresarial privada más codiciosa.

Esta coincidencia entre los planteamientos de unos y otros se puede apreciar muy claramente al comparar el Informe Transforma España, elaborado hace una año por la Fundación neoliberal Everis, y las demandas recogidos en las diferentes asociaciones que conforman el movimiento 15-M (Democracia Real Ya, No Les Votes, Juventud Sin Futuro).

La función del 15-M es que, bajo la excusa de una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos, se abra las puertas de par en par a la iniciativa privada, para que termine siendo quien los gestione, sin ningún tipo de interferencia estatal.

La pregunta que se nos puede pasar por la mente al llegar a este punto es: “Pero si el Estado-nación no era más que una herramienta de la clase dominante, muy útil para conseguir asegurarse la explotación de una mayoría en beneficio de una minoría ¿por qué hacerlo desaparecer o reducir su intervención a un papel mínimo?”.

La respuesta en sencilla: “El Estado-nación ya ha cumplido la función para la que fue creado y por lo tanto, actualmente, es más una rémora que una ayuda en la obtención de mayores ganancias, además existen otra serie de instituciones de tipo supranacional menos “sociales” (ONU, Fondo Monetario Internacional o Banco Mundial) que velarían por asegurar un perfecto funcionamiento del capitalismo internacional, sin interferir lo más mínimo en la iniciativa privada, por muy salvaje que ésta fuera”.

Nuestra adaptación y encadenamiento progresivo al sistema de producción industrial y a las relaciones sociales basadas en el intercambio de dinero es un hecho, y nuestra dependencia del sistema es prácticamente total, por ello, la pervivencia de los Estados-nación, tal y como eran entendidos hasta ahora, sólo supone un gasto prescindible y un lastre que impide a la oligarquía reinante conseguir una mayor tasa de beneficios y un mayor grado de subordinación de la especie humana a sus intereses, debido a lo cual, y siguiendo la lógica del capitalismo, se hace necesaria su desaparición (o la reducción de sus funciones al mero papel de gendarme de la propiedad y la iniciativa privada, una función que también terminará por quedar en manos privadas), a la vez que se centraliza el poder, definitivamente, en instituciones supranacionales (ONU, FMI, BM...) que aseguren dicho salto hacia el fin de los antiguos Estados-nación y hacia un modelo de esclavitud globalizado, totalmente impune.

Para camuflar este nueva vuelta de tuerca a nuestra condición de esclavos, la clase dominante está utilizando unos métodos muy parecidos (indignados) a los utilizados en su día para la Revolución Francesa ("miserables" en la definición de Victor Hugo), disfrazando como demandas populares lo que no es otra cosa que las ansias enfermizas de poder de unos pocos. Pues como decía Edward L Bernays, el padre de la moderna ingeniería social “cuando queremos modificar la actitud o incidir en algún comportamiento, después de examinar las fuentes de las creencias establecidas, se debe, o bien desacreditar las viejas autoridades, o bien crear nuevas autoridades articulando una corriente de opinión contra la vieja creencia o a favor de la nueva”. En este sentido, el 15-M realizaría las funciones de "desacreditador" de las viejas autoridades y de demandante de otras nuevas.

Nos hayamos ante un cambio de régimen, en toda regla. Desgraciadamente, éste no será el último producto de la ingeniería social capitalista para impulsar su Revolución Minarquista, y la destrucción de los actuales Estados-nación en pro de un gobierno mundial oligárquico-esclavista, aún nos queda por ver cosas mucho más chuscas y obscenas, pues esto no ha hecho más que empezar.

¿Buscas una solución? La cosa está muy difícil, pero si decidimos hacer lo posible por recuperar nuestra esencia humana e intentamos imaginar formas de vida más acordes con nuestra naturaleza que las actuales sociedades industriales, quizás podamos conseguir algo.

Termino haciendo mía una frase de Wilheim Reich: "Revolución no significa conciliábulos clandestinos ni distribución de propaganda ilegal, sino una llamada abierta y pública a la conciencia humana sin rodeos ni subterfugios".


(Fuente: http://antimperialista.blogia.com/2011/061901-el-15m-un-producto-de-ingenieria-social-para-impulsar-la-revolucion-minarquista..php)

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