jueves, 8 de diciembre de 2011

¿QUIÉN TIRABA DE LOS HILOS DE E.T.A.?

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Cuando queremos analizar seriamente fenómenos tan complejos como controvertidos como en el caso que nos ocupa, debemos plantearnos una serie de preguntas básicas:

- ¿Cuál es la naturaleza del fenómeno que estudiamos?
- ¿A quién beneficia?
- ¿Cómo surge?
- ¿Cómo se financia?

Si a) tenemos respuestas concluyentes para estos cuatro apartados y b) estas respuestas no se contradicen sí, podemos decir que hemos avanzado en el camino de la verdad. Ahora bien, quizá avanzar en ese camino resulte incómodo, puesto que una vez traspuesto cierto umbral ya no podemos volver a la ignorancia inicial. En el caso de E.T.A., cuando yuxtaponemos las respuestas a las preguntas arriba enunciadas nos encontramos con un panorama muy distinto al que cabría esperar “a priori”.

En primer lugar, el fenómeno del terrorismo ha sido tan profusamente practicado en Europa Occidental que ha acabado por configurar una forma específica de guerra asimétrica, con la población civil como rehén principal de las acciones de grupúsculos extremistas. Ha descabezado gobiernos, pero encontramos que en muchos casos el principal beneficiario de esas acciones no es el bando identificado por la opinión pública como el que respalda a los terroristas, sino otro bien ajeno. Recordemos el magnicidio de Carrero Blanco, alguien radicalmente contrario a la política económico-liberal de los E.E.U.U., quien además es asesinado el día después de entrevistarse con Henry Kissinger, ante quien reconoció la existencia de un programa nuclear español. ¿Quién es el beneficiario de su asesinato? Si pensamos en que facilitó el camino al cambio de régimen, parece que quienes más ganaron con su eliminación fueron los “lobbies” que diseñan la política exterior norteamericana, que despejaron el principal obstáculo para el ingreso de España en la órbita atlantista, algo ya analizado en este blog.


Otras acciones terroristas han supuesto la canalización de impulsos de los que el beneficiario es el sistema de partidos imperante. Así ocurre, por ejemplo, con el asesinato del concejal Isaías Carrasco dos dias antes de las elecciones del 9-M de 2008, algo que movilizaría el voto mayoritario en apoyo del bipartidismo PPSOE, o con el extrañísimo atentado contra José Mª Aznar del que éste, entonces jefe de la oposición, salió revestido de un heróico aura de superviviente y que le llevó a declarar jactanciosamente ante al prensa "al parecer, ya tengo carisma".

Una característica consustancial a E.T.A. ha sido siempre la opacidad de su organización incluso respecto a sus propios miembros, algo que teóricamente dificultaba la detención de sus cabecillas, pero que también servía para ocultar a quienes tiraban de los hilos de jovencitos fanatizados usados como carne de cañón. Cuando ésta opacidad se ha relajado, hemos visto cosas bastante extrañas. El juicio del 11-M, por ejemplo, nos permitió saber que una mina controlada por la Guardia Civil en Asturias surtía de explosivos a ETA. También asistimos a un atentado en el que grupos de agentes encubiertos actuando de acuerdo con el protocolo de las redes "stay behind" de la O.T.A.N. (simultaneidad de los atentados con un simulacro que desactiva medidas de seguridad básicas, permiso a comandos extranjeros para moverse con plena libertad por Madrid, inmediata "desaparición" de las pruebas claves y siembra de pistas falsas para culpar a unos improvisados cabezas de turco) provocan una masacre siguiendo el guión previo trazado por E.T.A. para actuar contra la estación de Chamartín en las navidades anteriores. El colmo de estas "peculiaridades" llega cuando en el bar Faisán la policía avisa a miembros de la red de extorsión de E.T.A. de que van a ser interceptados. Responsable de interior en ese momento: Alfredo Pérez Rubalcaba. El siniestro personajillo éste no solo elude su responsabilidad -moral, y probablemente material- sino que, para colmo, SE CONVIERTE EN CANDIDATO DE SU PARTIDO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO. Vamos, como proponer a Judas de sucesor de Cristo. Curiosamente, cuando ha salido a la luz la conexión de la banda terrorista con las cloacas del Estado, E.T.A. anuncia su "desactivación" (que no disolución).

El amigo Rubalcaba podría aclarar muchas cosas respecto a lo que ha sido E.T.A. Él fue el portavoz del gobierno González encargado de negar la existencia de los G.A.L., un extraño episodio de guerra sucia contra el terrorismo que el presidente del gobierno justificó entonces con unos términos de matón: "Cuando ellos dejen de matarnos a nosotros, nosotros dejaremos de matarles a ellos". Parece la síntesis de una guerra mafiosa entre clanes, como si los Corleone de turno hubieran perdido el control de una red de extorsión que no acata la jerarquía preestablecida. Y ello porque E.T.A. parece obedecer antes a Bruselas que al fin que le señaló en su momento Julio Anguita: descalificar al independentismo vasco, identificado en el imaginario colectivo con la violencia más sanguinaria. Su desaparición abre la puerta a problemas que sus décadas de existencia han enmascarado y falseado.
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