lunes, 12 de diciembre de 2011

MAYONESA A LA EUROPEA, (Artículo de David TORRES en EL MUNDO, 10/12/2011)

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Clausewitz escribió que la guerra era la continuación de la política por otros medios pero el prusiano vivía en una época en que todavía no existían ni el colonialismo ni la Champions League, inventos afortunados que nos permitieron a los europeos exportar las guerras por ahí fuera y cambiar en el continente las bayonetas por las botas de fútbol. No sabemos qué cosa sea Europa, aparte de un revoltijo de países, pueblos y lenguas, pero lo que sí sabemos seguro es que en este pequeño trozo del planeta hemos andado a la gresca toda la vida, intentando reanimar el cadáver exquisito del Imperio romano a base de hostias.

Es preciso admitir un gran fracaso culinario: Europa es una mayonesa que se corta apenas el cocinero de turno deja de batirla. Después de tantos siglos, en la augusta receta intervinieron diferentes cocineros para equilibrar la salsa base, ese inconcebible caldo de barbarie e intransigencia: Carlomagno echó al caldo la cruz, Carlos V braguetazos, Napoleón constituciones, Hitler campos de exterminio. Pero nada: basta apartar el cucharón y los huevos se van un lado, el aceite por otro, Francia queda escurrida y Yugoslavia, disuelta.

Recetas las hemos probado todas, excepto vivir en paz, que es algo muy aburrido y luce poco en los libros de Historia. Por eso, en el Bulli del Parlamento europeo, Van Rompuy, Renn y otros sabios comisarios y banqueros prueban nuevas formas de llevarnos a la ruina, al caos y a la miseria, todo para rematar el epigrama de Clausewitz y concluir que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La guerra nunca fue el problema sino la solución: así están las cosas.

Si el capitalismo consiste en que los bancos ganen siempre y cuando les toca perder, el pueblo pague la deuda, entonces el capitalismo es una mierda. Si la democracia consiste en que un papanatas (no elegido por nadie y al que no conocen ni en Düsseldorf ni en Logroño) decide que un presidente electo ya no sirve y lo cambia por un amiguete, entonces la democracia es un camelo. A la mayonesa no nos queda más remedio que hacer lo que siempre hace la mayonesa: una revuelta, una revolución, un escabeche, cosa que ya sabemos que no trae nada bueno, pero al menos nos daremos el gusto de ver colgada de un pino a toda esta morralla de tecnócratas que derrocan gobiernos y juegan con nuestros ahorros al Monopoly.

Parafraseando a Churchill, entre el euro y la guerra, no elegimos el euro y tendremos la guerra. Probemos el apocalipsis antes de que se enfríe.

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