martes, 15 de noviembre de 2011

LA U.E. APRUEBA EL USO DEL ESCÁNER CORPORAL EN LOS AEROPUERTOS

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Leo en la edición de hoy del diario "EL PAÍS" un titular preocupante: "La U.E. aprueba el escáner corporal con garantías para la intimidad" (sic). Uno tenía asumido que al final algún uniformado iba a poder gozar -o padecer, depende del momento en que se encuentre la autoestima de cada uno- de la visión de nuestra anatomía más íntima como requisito necesario para que podamos acceder a un vuelo: cada tontería/abuso/humillación que se impone en los E.E.U.U. recala más temprano que tarde en la Unión Nazi-Europea, pero lo que hace el periódico pro-atlantista al pretender justificar esta intromisión en el mismo titular de la noticia es de un descaro manipulador como hay pocos. Es cierto que hablamos del periódico que puede presumir de los más hilarantes encabezamientos -por ejemplo, "perlas" como "EL HOMBRE MUERTO ENCONTRADO EN ARGANDA ERA UNA MULA" (así, sin el artículo en masculino ni nada), "DESCUBIERTA UNA ESTRELLA QUE NUNCA DEBIÓ EXISTIR" o "FELIPE Y LETICIA, DE VUELTA AL TRABAJO" (¿a cuál?), que, por cierto, están extraídos en un periodo de sólo una semana-, pero éste es digno de ser citado en todo futuro estudio sociológico sobre las técnicas para colársela al personal.

Cuando las garantías aludidas en el titular son explicitadas a uno le entra ya la risa tonta: el personal que examina las imágenes estará en una sala separada "para preservar la intimidad de los viajeros" (más bien, para que no les podamos afear las risotadas y comentarios soeces que intercambiarán mientras disfrutan del espectáculo en su búnker); "las imágenes no podrán imprimirse y deberán ser deshechadas una vez que se compruebe que no hay nada sospechoso en ellas" (es decir, que serán grabadas y escudriñadas por perfectos desconocidos que en su paranoia pueden confundir nuestras hemorroides con explosivo plástico o nuestras lorzas con bolsas de trinitotolueno) y sólo se podrá evitar ser estrella de "peep show" por razones médicas o religiosas, aunque en ese caso ya le tocará a uno alguna otra intrusión corporal sustitutoria. Pese a tanta bienintencionada garantía, EL PAÍS recogía no hace ni un año la noticia de que cientos de imágenes de pasajeros desnudados por la radiación se habían difundido en Internet. Me temo que, o renunciamos a volar, o vamos a hacer todos "Scarlettjohannsoning" sí o sí.

Al margen de lo vergonzosos que seamos, luego está el tema de la salud: los rayos X pueden causar alteraciones del ADN y por ello mutaciones que, a su vez, tras un proceso complejo, pueden favorecer la proliferación de células neoplásicas. No hablamos de una tecnología invasiva pero inocua, sino de un auténtico riesgo para la salud. Dónde quedan la Carta de los Derechos Fundamentales de la U.E., el respeto a la privacidad, a la salubridad, y todas esas zarandajas quizá pueda aclarárnoslo algún parapsicólogo. Digo yo si lo que habrá al final de todo este proceso no será directamente subimos al avión en pelotas, cual inquilinos de Auschwitz camino de las duchas. En una U.E. dirigida por Alemania, a más de un teutón la mera posibilidad debe traerle entrañables recuerdos.
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