miércoles, 9 de noviembre de 2011

HISTORIA NACIONAL DE LA INFAMIA (III): LOS ATENTADOS DEL 11-M (CONCLUSIÓN)

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"La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos" (d'Alembert)


Cumpliendo con lo que prometí hace ya muchas entradas, cuando inicié el tercer capítulo de la serie “Historia nacional de la infamia”, abordo ahora las conclusiones que, entiendo, cabe hacer del peor atentado habido en suelo europeo.

En primer lugar, hay que recordar la información, contrastada pero poco difundida, de que un dia antes de la materialización de los atentados la O.T.A.N. realizó en suelo español un simulacro de atentado sobre la hipótesis de un ataque de Al Quaeda que provocaría 200 muertos. El ejercicio, cuyo contenido es confidencial, se denominó “CMX 2004 de gestión de crisis” y en él participaron los 19 países aliados (y, por primera vez, los siete candidatos del Este de Europa que preparaban su adhesión a la OTAN). Se trató, como es habitual en los ejercicios anuales CMX, de una batalla de papel en la que no hubo movilización real de tropas ni policías, pero sí un cruce oficial de órdenes y reuniones al más alto nivel para tomar supuestas decisiones de coordinación y respuesta. Este proceder facilitó la desactivación de los protocolos de seguridad habituales en los servicios de seguridad de los países anfitriones del simulacro. De hecho, España permitía por primera vez el libre movimiento de agentes del servicio secreto de E.E.U.U. por el territorio nacional sin que su intercepción por parte de la policía o de servicios de seguridad españoles diera lugar a otra cosa que a su identificación como parte del ejercicio de la OTAN y su inmediata puesta en libertad. En una palabra, comandos incontrolados -algunas fuentes hablan de mercenarios israelíes- que solo respondían ante una potencia extranjera pudieron moverse por Madrid con total libertad. Creo que es fácil adivinar para qué aprovecharon dicha libertad.

Además, el coordinador en la Alianza y jefe de la División de Inteligencia es el estadounidense Richard Sentner, que en 2003, había asistido a una reunión en Madrid en la que el director del Centro Nacional de Inteligencia, Jorge Dezcallar, resaltó que existía un peligro creciente de atentados de Al Qaeda en los países que estaban apoyando a EEUU en la Guerra de Irak, “mostró su preocupación porque se produjeran en España” (parece que más bien estaba marcando el objetivo).

El “modus operandi” del atentado es tan obvio que solo cabe recordar que los atentados del 11-S de 2001 en Nueva York, del 7-J de 2005 en Londres y del 22 de julio de 2011 en Oslo estuvieron precedidos por “ensayos” que, nada más darse por concluídos, dieron paso a la materialización de sus supuestos tácticos en forma de atentado de “falsa bandera” (atribuído a un enemigo, pero realizado por el mismo bando atacado con el fin de servir a sus propios intereses). Responsabilizar al terrorismo islamista de lo sucedido fué lo más sencillo de toda la operación: la policía tenía infiltradas a varias redes de pequeños traficantes marroquíes a los que era fácil presentar como fanatizados "yihadistas" (sobre todo después de que el "suicidio de Leganés" les dejara sin derecho a réplica).

Culpar a estos "hombres de paja" posibilitaba el cubrir a los verdaderos autores. La clave del éxito de la operación pasaba por la fabricación de un falso señuelo (la mochila de Vallecas) y la ocultación de la presencia de un explosivo militar (C3 o C4) en los vagones, desguazados a toda prisa y sin que se guardasen muestras fiables que pudieran desbaratar la versión oficial. El juicio de la Casa de Campo fué la estudiada pantomima que dio solidez ante la opinión pública a una versión oficial esencialmente improvisada para ocultar una verdad que ni el P.P. ni el P.S.O.E. podían asumir (lo que, al menos "a posteriori", ha convertido a ambos partidos en cómplices de una conjura que implica delitos tan graves como la omisión del deber de perseguir crímenes, falso testimonio y encubrimiento por ocultación y destrucción de pruebas). Pese a ello, la sentencia del juicio del 11-M fue incapaz de establecer quién o quiénes planificaron los atentados.

Si el “cómo” parece meridianamente claro, la pregunta clave es el “por qué”. Para contestarla hemos de recordar que, al producirse los atentados del 11-M, los E.E.U.U. se encuentran en plena pre-campaña electoral en la que George Bush Jr. se juega la baza de una “guerra contra el terrorismo” que empieza a provocar la fatiga del electorado. Sólo la escenificación de la amenaza terrorista en forma de atentado contra la población civil viene a dar la razón a su estrategia, sólo que, a diferencia de lo ocurrido el 11-S, esta vez la bofetada se produce en cara ajena, aunque eso suponga “sacrificar” a su aliado José Mª Aznar, quien, también por entonces, encara unas elecciones en las que, pese a no ser candidato, presenta a su “delfín” Rajoy como sucesor. Como recordaremos, la conmoción provocada por los atentados de Atocha, unida a la torpe gestión de la investigación por parte de las autoridades del PP es aprovechada por un P.S.O.E. que, maniobrando hábilmente, logra capitalizar la indignación popular y ganar las elecciones.

Mi tesis es que detrás de los atentados hay un cálculo electoral, pero no en el ámbito español, sino justamente en el norteamericano. Aún así no descarto que los atentados del 11-M buscaran un vuelco en las elecciones generales del 2004, favoreciendo por complejas razones geo-estratégicas el ascenso de un partido favorecedor de las aspiraciones de los nacionalismos periféricos frente al centralismo del PP, lo que ha conducido a la patente debilidad de España en el panorama internacional y facilitado el “asalto” al que los mercados financieros llevan sometiéndonos desde que se declara esta pre-fabricada crisis económica que ha convertido a las economías mediterráneas en el botín (va sin doble sentido) de los especuladores: "divide y vencerás” dice la máxima, y es obvio que es más fácil de rapiñar el pastel español atacando la insolvencia de las autonomías que desgastando al conjunto. Los atentados del 11-M habrían servido así para volvernos más vulnerables, no sólo en lo estratégico, sino también en lo económico. El juego de intereses cruzados en torno a la matanza del 11-M es de tal magnitud que solo cabe cerrar este análisis con la increíble respuesta que dio el Rey Juan Carlos a las asociaciones de víctimas que, en el sexto aniversario de los atentados, reclamaban conocer la verdad: "Lo lleváis crudo".



(posesodegerasa)

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