lunes, 14 de noviembre de 2011

CAMPAÑA ELE(a)CTORAL

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Campaña electoral: los dos grandes partidos políticos celebran apoteósicas concentraciones de auto-afirmación de los ya convencidos y vierten sus eslóganes vacíos y que a nada les comprometen en los grandes medios de comunicación para convencer al ciudadano medio que, si tiene un mínimo sentido de la realidad, se huele ya de qué va el juego. El abultado coste de esta macro-campaña de imagen es financiado por los dos grandes bancos nacionales y será, en parte, recuperado con dinero de los impuestos del contribuyente (21.633 € por escaño obtenido). La otra parte podrá ser -una vez más- condonada por la banca -un mundo endogámico, opaco y nada democrático- que, obviamente no perdonará la devolución de su crédito por altruismo, sino que se lo cobrarán en favores en forma de legislación a su medida, el que se haga la vista gorda ante sus irregularidades o la obtención de diversas prebendas y beneficios. Este proceder entra de lleno en lo que la legislación tipifica como “tráfico de influencias”, pero está tan asumido que ya ni siquiera escandaliza a nadie. El verdadero dueño del sistema democrático es el dinero.

El principal altavoz de la propaganda de los partidos son los grandes medios de comunicación, que a su vez son financiados y dirigidos por la misma banca que sufraga las campañas electorales, y tras de cuya fachada lleva siglos operando una todopoderosa oligarquía familiar que hace y deshace, controlando en la práctica el funcionamiento de esta mal llamada “democracia”, convertida en un juego pactado de alternancia en el poder entre dos partidos que se han adueñado del tablero de juego y apenas permiten que alguien más intervenga.

Lisa y llanamente, los partidos políticos representan sus propios intereses, no los del ciudadano. Participar en su juego es aceptar unas reglas que buscan perpetuar eternamente una manera de entender la política en la que el ciudadano entrega un cheque en blanco a gente en la que confía por una especie de acto de fe, sin posibilidad luego de ejercer control alguno sobre cómo se gestiona su depósito de confianza. Mantener este sistema en la era de la comunicación instantánea, cuando la democracia directa, el referéndum contínuo es posible, es jugar a un deporte del siglo XXI con reglas definidas antes de Cristo. El voto legitima este sinsentido. Por eso este blog defiende como única opción racional el voto de protesta o anti-voto: votar nulo deliberadamente.
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