miércoles, 5 de octubre de 2011

CARTA A UN SEÑOR QUE DA POR BIENVENIDO EL CÁNCER AJENO

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Entre tanta noticia preocupante, tanta denuncia indignada y tanta trompeta apocalíptica que la actualidad empuja a amplificar, este blog no quiere dejar de lado su vocación de cuidar de nuestra realidad espiritual, que es la única que puede trascender esta crisis que nos ahoga por momentos. Y no hay mejor manera de hacerlo que desde el humor, actitud que nunca falta a Rubén Díaz, alias "el señor de las moscas", quien el pasado siete de julio publicó en "El por qué de una mosca encerrada en un bote", su blog de actualidad, una desternillante entrada que rebatía la indisimulada alegría de un -llamemósle, por decir algo- fundamentalista cristiano que "celebraba" la enfermedad de Hugo Chávez y de Antonio Gala como un castigo divino a su anticlericalismo.




CARTA A FRANCISCO JOSÉ DE LA CIGOÑA

Señor De la Cigoña,

Vaya por delante que no le hablo desde, qué le diría yo, la superioridad moral o algo así. Nada más lejos que La Coruña. En categoría ética aquí vamos a ser hoy igual de miserables usted y yo, porque vengo enfangado hasta las cejas y porque al final de esta carta pienso desearle a usted cosas muy feas. Se lo digo por si quiere saltarse el cacho del medio y acudir directamente al final.

Dicho lo cual, le cuento. Le escribo con motivo de la entrada que publicaba usted anteayer en La cigüeña de la torre, su blog en la web de Intereconomía. No sé si se acuerda. En ella hablaba usted de Hugo Chávez y Antonio Gala, a los que denomina ‘dos declarados enemigos de la Iglesia católica’ para concluir seguidamente un silogismo más o menos sucinto entre esto y el hecho, sabido a lo largo de esta semana, de que ambos sufren cáncer:

"Dos declarados enemigos de la Iglesia católica tienen cáncer. No descubro nada pues son ellos quienes lo han declarado. Por mi parte les deseo que la enfermedad les sea lo más leve posible y que les sirva para acercarse a la Iglesia de la que un día se apartaron".

Y ya, porque no pone usted nada más.

Originalmente no iba a escribirle yo a usted, mire, porque replicar blogs es, aparte de una horterada, una pérdida de tiempo. Pero es que esta mañana, le comento, el mazazo del cáncer ha caído en mi propia familia. Ya ve usted qué cosas tiene el destino –o Dios misericordioso, esto ya depende del observador–. Ha caído como suele hacerlo siempre, sabrá usted; dolor en no sé donde, biopsia y llamada de teléfono. Y al final, pues ya ve; me he decidido a escribirle. En plan teléfono de aludidos. Porque estoy enfadado, no le digo yo que no, pero sobre todo porque lo que hizo usted anteayer fue ruín, mezquino y no tiene nombre.

El silogismo, Francisco José, es una lógica perversa. Se hace para que parezca que hay una continuidad entre dos cosas entre las que en realidad no la hay. Es un sofisma, quiero decir. Es falaz y está feo. Como fan de Dios que es usted pensé que conocería mejor a Aristóteles. Y como coetáneo que es del siglo XXI pensé que estaría usted al corriente de que la dialéctica medieval cayó en desuso junto con el resto de la Edad Media. Ya lo dijo Hume –a ver si éste le suena más–; el mecanicismo lleva a la alienación y además, está demodé. Desde hace algo así como cinco siglos. Tómeselo como un consejo, quiero decir; la gente, para desgracia de los de su condición, ya no es tan rematadamente ignorante.

Usted, no obstante, parece no darse por enterado y de hecho, según constato en la interné procelosa, está absolutamente on fire, dándolo todo de berenjenal en berenjenal. Le parece mal dar misa en catalán, dice que ‘Los musulmanes se están pasando y no deberíamos consentirlo’, compara a los abortistas con Hitler y a las mujeres que abortan las llama ‘asesinas de sus propios hijos’. Y hace un año, en su mismo blog medieval, se refería usted al tema de los abusos sexuales en el clero diciendo lo siguiente:

Pero en estos casos que hoy divulga la prensa hay un abuso asqueroso de superioridad sobre un alumno, un seminarista, un chico que acude a catequesis… Estos no son pedófilos, ni gays, ni homosexuales, estos son sencillamente unos maricones de mierda.

Música para mis oídos, se lo prometo. Cabría pedirle a usted –no es que vaya a hacerlo, pero cabría– que no relacionase pedofilia con homosexualidad lo mismo que el resto no relacionamos clero con pedofilia, pero, ¿sabe lo que le digo? Que usted chochea, y además es un fanático. Y razonar con un fanático es como hacer pis mientras te miran: sale, pero forzado.

Le diré, no obstante, que lo que más me gusta de su última entrada, la del cáncer, es que se produzca precisamente cuando se nos echa encima la inminente Jornada Mundial de la Juventud. Durante esta cita –del 16 al 21 de agosto– Madrid bullirá de beatos tal que usted reunidos en numerosa horda, Papa de Roma incluido, para reafirmar entre saltitos el domenique, el gozo en el alma, los regocijos y demás mantras machacones. Mantras que el resto, no se crea, nos vamos a tener que comer sí o sí bien vía titular, conexión en directo o portada retocada del ABC. Y ahí está el quid porque, le explico: a los pecadores de la pradera como yo, que por encima del Demonio creemos en la tolerancia, a veces nos pasa que de tanto de tolerar y de tolerar llegamos hasta a simpatizar con el show, fíjese lo que le digo. Que para eso está hecho, por supuesto, con tanto logo en colorines, tanta pija con guitarra y tanto bebé con banderita. Hasta el día de ayer, por ponerle un ejemplo, incluso yo mismo, aquí donde me ve, hubiera apostado por su derecho, el suyo y el de sus correligionarios, a gastar dinero y recursos públicos en celebrar sus cultos por más que me parezcan –y me lo parecen, créame– obscenos, primarios e irracionales. A mí me daría vergüenza, pero allá ustedes. Pero lo de su blog, no obstante, me ha abierto los ojos y ha venido a recordarme, ploc, cual colleja a tiempo, de qué va todo esto. De en misa y repicando, por hablarle en su idioma. De a Dios rogando y con el mazo dando. Y de que no es lo mismo predicar que dar trigo –es curioso, ¿verdad?, cuántos refranes hablan de Dios para referirse a lo mismo–.

Y caigo en la cuenta, qué despiste el mío, de que es que ustedes son así. No los creyentes, ojo, entre los que habrá de todo como en todas partes. Los voceros de Dios, digo, como usted. Sus apóstoles en la tierra y ultras de lo suyo –más que de lo Suyo–, que hablan en Su nombre, aprovechando que Él ni mú, y reparten Su justicia aprovechando que tiene tantos visos de existir como Zeus, Vishnú o Bob Esponja. Los que se dicen víctimas y se preguntan, soberbios y altaneros, hasta dónde va a llegar nuestra paciencia o hasta cuándo lo vamos a aguantar y advierten no ser buen enemigo –éste particularmente me ha encantado–, y después invocan una libertad de expresión –que gustosamente revocarían– para llamar asesinas a unas y a otros, maricones de mierda. Los que explican la infinita misericordia de Dios, que a sus enemigos paga con cáncer, para presentar después la suya, que poco pueden hacer al respecto salvo estar felizmente de acuerdo. Ustedes, los expertos ambulantes en teología, son la subcontrata de un dios prehistórico y con poco slot en nuestra época empeñados, no obstante, en seguir ejerciendo el que es, en realidad, el oficio más viejo del mundo: el de chamán emplumado de mala muerte. Sus blogs de hoy son los púlpitos de ayer, desde donde agitan el odio, convocan batallas y arengan ejércitos. Quiero decir con esto que con gente como usted, que con una mano pide respeto y con la otra expide cánceres, sencillamente no se puede. A ustedes no se les profesa, qué se yo, animadversión ideológica o algo así, respetable o no según la dilatación que cada cual consiga de su tolerancia. Usted y la gente como usted, opinión personal mía, se interponen entre el entendimiento que podría obrar entre creyentes y ateos y justifican actos tan execrables como prenderle fuego a una iglesia. Entiendo que la idea no le guste pero es una opinión personal y este siglo, le anuncio, es de lo que va: de respetar las opiniones personales. Así que le invito a que caiga usted del guindo y, una vez haya caído, se joda usted.

En fin, pequeño Torquemada. Me gustaría no desearle un cáncer, de verdad que no, pero para qué voy a mentirle. Ni yo soy tan buena persona ni usted me invita a serlo. Además que, sinceramente; no se me ocurre mejor lección para quién con tanta ligereza los despacha que un tour oncológico de los buenos. De los que te tienen tres años que si sí, que si no, mientras te van quitando cosas. Sin necesariamente morirse después, claro, que para eso siempre hay tiempo. Además que a usted, no es por nada, pero dos telediarios. Se lo digo con este poco tacto porque era así, con este mismo poco tacto, que usted se lo dijo a unas pobres monjas viejitas en un artículo que, por cierto, le han borrado a usted de Intereconomía. Que mira que hay que decir burradas para que le borren a uno un artículo de Intereconomía.

Y bueno, pues nada más. Le veo en el infierno, como dijo el cura de Los Simpson. A dónde usted y yo vamos de cabeza, por cierto. Yo por mis muchos y muy gordos pecados y usted, como vivo ejemplo o ya no tan vivo, de que Dios existe. Y ya me cuenta usted entonces qué tal le fue mientras Satán nos mete piñas por el culo durante toda la eternidad.

Sin otro particular, váyase usted a la mierda.

(Fuente: http://elporquedeunamosca.blogspot.com/2011/07/carta-francisco-jose-de-la-cigona.html)

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