sábado, 24 de septiembre de 2011

¿QUÉ SUCEDIÓ EL 11-S?


Amigo lector, ya se que todos creemos saber lo que sucedió: no sólo nos lo han contado de muchas maneras distintas, para que podamos elegir a quién creemos, si a los voceros de la versión oficial o a los conspiranoicos, sino que hemos visto las imágenes, y las imágenes son tan elocuentes que parecen determinar cuáles son los hechos, dejando sujetas a debate sólo las interpretaciones.

También yo aceptaba hasta hace muy poco este enfoque, hasta que leyendo el blog de José Luis Narom tropecé con un artículo de Conrado Salas, "LA EVIDENCIA DEL 11-S" que, al ponerme en conocimiento de las tesis de Judy Wood, me ha obligado a un replanteamiento radical y absoluto de lo sucedido el día en que el mundo cambió.

Judy Wood, experta en resistencia de materiales e ingeniería estructural, es autora del libro "Where did the towers go?", disponible -en inglés- a través de su web www.wheredidthetowersgo.com. En él aborda los aspectos que han pasado más desapercibidos en el bombardeo mediático que hemos sufrido en estos diez años, evidencias físicas que obligan a repensar todo lo que creíamos saber sobre el atentado del siglo. Al hilo de su propuesta, te sugiero que hagamos lo que nos propone, empezando por lo aparentemente obvio.

¿Qué fue lo que REALMENTE vimos? No vimos a un avión chocar contra la mole inmensa de la Torre Sur, vimos a un avión siendo literalmente "engullido" por la torre, sin que el impacto partiera sus alas, como si el edificio lo hubiera succionado, y vimos una tremenda explosión posterior. Vimos, amigo lector, algo IMPOSIBLE.

¿Bajo qué condiciones puede un edificio "absorber" un avión? Sólo hay una respuesta, y creo que es fácil intuirla. "Cuando se descarta lo imposible, lo que nos queda, por improbable que parezca, es -inevitablemente- la verdad", afirma Sherlock Holmes, el detective por antonomasia, para fundamentar su sistema deductivo. La única posibilidad es que el avión no sea real, sino que sea solo la imagen de un avión. Y dado que los ingenios aeronáuticos no producen fantasmas, SOLO puede tratarse de un holograma, una imagen proyectada desde un satélite.

Hay más, y doy ahora la palabra al autor del artículo: "... hay una toma de video en particular que sugiere que un avión, o lo que al público se le ha sugestionado para que interprete como un avión, atraviesa en medio de una explosión una de las Torres y ¡se adivina que sale por el otro lado envuelto en la bola de fuego! Esto es tan irreal como ver a una bala atravesar un camión militar blindado y emerger por el otro lado".

Vimos al segundo avión ejecutar una maniobra que expertos pilotos han sido incapaces de reproducir en simuladores de vuelo en ninguno de los muchos ensayos realizados. Lo vimos estrellarse a velocidad de crucero por debajo de los 400 mts. de altitud cuando un Boeing 767 alcanza su velocidad de crucero de 850 km/h a 11.000 metros. Vimos a un edificio de acero tragarse un avión que no sufre ninguna deformación en el impacto, y que deja en la fachada su silueta como si se tratara de un dibujo animado. Vimos caer dos torres expresamente diseñadas para soportar el impacto de un avión comercial, y vimos caer acero fundido por el exterior de las torres cuando el queroseno ardiendo de los depósitos de combustible de los aviones se queda más de 1000º por debajo de la temperatura de fusión del acero. Quien crea que lo que vió es REAL ignora tanto las leyes de la física como los principios de resistencia de materiales. Y eso sólo en cuanto a lo que CREEMOS que vimos.

Dice Judy Wood que la cantidad de escombros que se retiraron, tras la caída de las dos Torres, no se corresponde con la verdadera masa de los edificios, "como si se hubieran pulverizado". Pues bien, es que, de hecho, se pulverizaron. Lo que los operarios retiraron fue aproximadamente el 10 por ciento de la masa total de las torres gemelas.

Ni el combustible de los aviones ni el explosivo conocido como Thermite pueden producir ese resultado. Es aquí donde hay que pensar en otro tipo de arma, y encarar la tercera hipótesis explicativa de la caída de las torres, aparentemente la más descabellada, pero, a la luz de los hechos, la única coherente.




JUDY WOOD Y LA EVIDENCIA DEL 11-S por Conrado Salas Cano (*)

LAS EVIDENCIAS

Los elementos que Judy Wood ha recopilado con todo lujo de detalles son:

· La casi totalidad de las Torres Gemelas fue reducida a POLVO. Puedes si quieres calcular la energía necesaria para obrar tamaña destrucción de la estructura original de hormigón y acero, y compararla, no sólo con la del impacto de un (supuesto) avión comercial y consiguiente quema de su combustible; sino incluso con la de cargas de demolición convencionales. El 99% del hormigón fue convertido en polvo ultra-fino, con la mitad de las partículas por debajo de los 100 micrómetros, y con algunas partículas observadas entre 2,5 y 0,09 micras. En condiciones ordinarias, partículas tan finas de acero sólo se forman si el acero del que provienen ha sido previamente llevado por encima de su punto de EBULLICIÓN (2.750º C). La nube de polvo resultante fue tremenda y mostraba la forma de “coliflor” de una erupción volcánica.

· Los aceros se fueron pulverizando conforme se desplomaban, como evidencian los vídeos de las Torres. La temperatura precisa para esto viene a ser el doble de la del famoso termato-TH3 de Steven Jones. Hay que tener en cuenta que la máxima temperatura alcanzable en fuegos de hidrocarburos sin presurización o precalentamiento, como por ejemplo, la del supuesto queroseno del avión al impactar con la Torre, es de 825º C. A esa temperatura, el acero ha perdido ya más del 90% de su fortaleza. Sin embargo, en pruebas efectuadas en edificios, no hubo colapso de la estructura aun a temperaturas de 800-900º C. El acero estructural se derrite a 1.510º C. Los hornillos de queroseno no se suelen derretir al funcionar. Los motores de automóvil tampoco suelen derretirse o doblarse con el funcionamiento, a pesar de que la combustión de la gasolina tiene lugar a temperatura más elevada que la del queroseno. Los cien metros superiores del World Trade Center (WTC) 2 llegaron a inclinarse 23º durante la destrucción de la Torre: ésa no es la manera efectiva de derrumbarse un edificio desde luego.

· Se dice que el arquitecto de las Torres Minoru Yamasaki las diseñó para sobrevivir a impactos de aviones comerciales: lo que de hecho he podido verificar es que John Skilling, el ingeniero originalmente responsable de la estructura de las Torres, y su equipo concluyeron que las Torres estaban a prueba del impacto de un Boeing 707, que es un avión algo más pequeño, pero más rápido, que los 767 que supuestamente colisionaron.

· El WTC 2, de 416 metros de altura, se vino abajo en 10 segundos. El tiempo de caída libre en el vacío de un objeto soltado a 416 metros de altura es de 9,22 segundos. ¿Qué tipo de Torre puede derruirse a través de su propio acero macizo prácticamente en el mismo tiempo en que un hipotético objeto caería en el vacío sin resistencia a lo largo de la altura de dicha Torre? ¡Pero es que la Torre del WTC 1 se desplomó en 8 segundos!

· El muro de contención que evitaba que el agua del río Hudson llegase a los cimientos de las Torres Gemelas, la llamada “bañera”, no fue dañado apreciablemente durante el 11-S. Incluso aunque el millón de toneladas que ambas Torres poseían conjuntamente no se hubiesen desplomado sobre la bañera directamente, su impacto sobre el lecho rocoso del subsuelo hubiera, cual terremoto, estremecido dicho muro de contención, mellando paredes y los túneles que llevan por debajo del río Hudson. La bañera no se diseñó a prueba de tal sacudida: Nueva York no se asienta en una zona sísmica. Curiosamente, mientras el supuesto desplome o demolición de un millón de toneladas de acero no agrietó el muro de contención, ¡sí lo hizo el movimiento de la propia maquinaria pesada llevada a la Zona Cero para las tareas de limpieza después del desastre!

· Había gente colgada por fuera del edificio sin ropa, y por lo menos una persona trató de quitarse la ropa mientras estaba suspendida por su mano o pie de la pared del edificio, muchos pisos por encima del suelo. ¿Por qué le molestaba tanto la ropa, que seguramente estaría mojada, debido al sudor o al agua de los rociadores antiincendios de los pisos (que habrían entrado en funcionamiento)? Judy Wood observa también que algún individuo se había colgado por fuera del edificio en un piso donde no salía fuego ni humaredas de las ventanas; y alguno estaba en un piso del que salía humo, pero colgado de un rincón (¡a más de trescientos metros del suelo!) de cara al viento, rincón al que por tanto llegaba aire fresco. El horror que supone escudriñar estas imágenes es paralizante, pero estas víctimas merecen que se dilucide por qué murieron realmente, y que se haga justicia.

· El tema de si hubo o no aviones el 11-S no es tratado expresamente en el nuevo libro de Judy Wood, aunque un artículo suyo en colaboración con Morgan Reynolds sí analiza el asunto. Las tomas del supuesto avión comercial desapareciendo en una de las Torres Gemelas, me parece que en la del World Trade Center 1, tienen un aire de imposibilidad o de trucaje. El fuselaje se lo va tragando sin deformación la mole cerúlea del edificio, sin ser adelantado en ningún momento por las alas. Si el fuselaje hubiera chocado de verdad, las alas, hechas de aluminio forjado, un material fuerte pero quebradizo, se hubieran desgajado sin más de aquél y hubieran seguido volando a los supuestos 800+ km/h durante unas centésimas de segundo más. Amén de que volar un avión comercial a más de 800 km/h por debajo del medio kilómetro de altitud en un medio urbano requeriría, no ya una pericia inaudita al mando del aparato, sino la suspensión de las leyes de la física o de la resistencia de materiales: esto último fue expresamente corroborado por teléfono por las empleadas de Boeing Leslie Hazzard y Lori Bechtold, y por Joseph Keith, que fue ingeniero de software en la industria aeronáutica. Las razones de la imposibilidad física de tal vuelo supongo que tienen que ver con la resistencia del aire (un Boeing 767 alcanza su velocidad de crucero de 850 km/h a 11.000 metros de altitud, donde el aire tiene menos de la tercera parte de la densidad que a nivel del mar), la fuerza de sustentación, o la fortaleza de la estructura del avión. Y luego hay una toma de video en particular que sugiere que un avión, o lo que al público se le ha sugestionado para que interprete como un avión, atraviesa en medio de una explosión una de las Torres y ¡se adivina que sale por el otro lado envuelto en la bola de fuego! Esto es tan irreal como ver a una bala atravesar un camión militar blindado y emerger por el otro lado. Un avión de aluminio, al estrellarse contra una estructura de acero, quedaría prensado, escacharrado y destrozado como una lata de Coca Cola. Acción y reacción. Yo soy el primero en considerar abiertamente milagros y violaciones de las (mal llamadas) “leyes de la física”, pero en el ámbito del 11-S me parece que no estamos investigando este tipo de fenómenos, sino el impacto de un avión comercial ordinario contra un edificio de acero erigido por el hombre.

· Debajo de donde estaba la pared de la Torre del WTC1 contra la que supuestamente impactó el avión no se halló ningún resto verificado de aeroplano. Supongo que no merece la pena hablar del pasaporte de Mohamed Atta encontrado en el suelo, legible tras atravesar los fuegos de queroseno del supuesto avión, fuegos que, según los medios de comunicación, fueron lo bastante infernales como para doblar el acero y derruir la Torre. Las ruedas de avión halladas en la calle tenían una curiosa predisposición para “caer” por andamios de obras. Una rueda en concreto estaba sin quemar, con su eje cortado pero reluciente. Mi impresión es que estas ruedas fueron evidencia plantada, y me imagino que estarían preparadas debajo de los andamiajes tapados con lonas o algo así, y que, en el momento conveniente, fueron desplazadas a la calle.

· ¡Una sobrecogedora serie de tomas recoge cómo la aguja de la Torre Norte se convirtió como por arte de magia en polvo!

· Los picos de 2,1 y 2,3 en la escala de Richter registrados por el sismógrafo durante las destrucciones de ambas Torres, a las 9:59:04 y 10:28:31 de la mañana hora de Nueva York, respectivamente, son un punto y medio menores de lo que cabría esperar si las moles de los edificios se hubieran efectivamente desplomado contra el suelo por efecto de la gravedad o de una demolición controlada.

· Magnetómetros en Alaska registraron anomalías coincidentes con la destrucción de las Torres.

· Tras la pulverización de las Torres, quedaron cantidad de papeles, en su mayoría sin quemar. Si el fuego fue lo bastante intenso como para derretir o derruir el acero, ¿por qué sobrevivieron tantos papeles, y sin embargo ningún cadáver, mueble u ordenador?

· Apenas quedaron ruinas en la Zona Cero. Eso de que el acero de las Torres derribadas se lo llevaron a China es un cuento.

· Había coches parcialmente tostados, no directamente colindantes con la ubicación de las Torres Gemelas, e incluso lejos de éstas. Había un coche quemado en parte pero con la tapicería y la moldura de goma (o de plástico, no estoy seguro) de la ventana sin quemar. Había un coche con su mitad delantera quemada y su mitad trasera sin quemar. Había un coche cuya ventana estaba deformada y sus puertas derretidas de una manera rara. En otros coches, el motor misteriosamente desapareció. Había un coche montado en parte encima de otro. Había coches boca abajo entre vehículos que estaban normales. Muchos de los automóviles y camiones que estaban en las vecindades del World Trade Center y que no fueron magullados por ningún escombro de la catástrofe, explotaron dejando desechos quemados, como por combustión espontánea. Al menos en un par de vehículos, yo diría que no sólo la pintura sino también una fina lámina de chapa se había desprendido, o sencillamente se había desvanecido, de la carrocería. Pero, por ejemplo, en uno de estos vehículos, las puertas no venían laminadas de fábrica.

· El aire presentó una extraña coloración marrón, y su pH osciló entre 12 y 14. Según desveló Rick Siegel, la televisión posteriormente ajustó la tonalidad del color para hacerlo más azul.

· También según Rick Siegel, se detectaron elevados niveles de tritio en las inmediaciones de donde estaban las Torres Gemelas, pero no en el resto de Nueva York.

· Al menos un transeúnte explica que levitó hacia arriba, impulsado por una fuerza extraña.

· Hubo apagones eléctricos extendidos alrededor la Zona Cero que tardaron más de tres meses en arreglarse.

· El huracán Erin se fue moviendo hacia la costa Este de EE.UU. y alcanzó su máxima aproximación a Nueva York precisamente el 11-S. Los medios de comunicación apenas hablaron de su posible peligro.

· Pese a los más de 50 metros cúbicos de agua en rociadores antiincendios y fontanería en ambas Torres Gemelas, las ruinas de la Zona Cero quedaron secas.

· Entre los pocos escombros que quedaron en la Zona Cero, son alucinantes la gigantesca viga de metal doblada como si fuera de goma, y otra viga de metal retorcida o alechugada sobre sí misma cual gelatina. Causa perplejidad el archivero de acero estrujado como si se hubiera derretido, y en el que sin embargo sobresalían trocitos de billetes (de veinte dólares) sin quemar. Este archivero arrugado se empezó a oxidar espontáneamente un par de horas después de ser lavado. Otros restos de la Zona Cero evidenciaron envejecimiento prematuro y oxidación acelerada. Y en otro resto de la catástrofe había papel incrustado dentro de otros materiales sólidos. Cabe razonar que la elevada temperatura precisa para fusionar dichos materiales con el papel en una misma amalgama hubiera quemado a éste. También dan que pensar, aunque hay que saber reconocerlos como algo anómalo, los extraños agujeros redondos en las edificios no destruidos de la zona, tanto en la estructura resistente como en los cristales de ventanas.

· Después de la tragedia, los operarios sometieron los escombros de acero de la Zona Cero a un insistente lavado con agua a alta presión, mientras los evacuaban. ¿Había prisa por eliminar alguna evidencia del área del crimen?

· Llevó más de tres meses extinguir los fuegos de la Zona Cero a pesar del continuo riego y de copiosas tormentas de lluvia que cayeron. Estos fuegos de los escombros eran misteriosos en cuanto que no quemaban : al menos un bombero los atravesó sin reparo. Oficialmente los fuegos quedaron extinguidos a los 99 días, y sin embargo a los seis meses seguían los camiones evacuando escombros sucios y mojados que despedían humos raros. Ahí estaban los operarios a manguerazo limpio con los escombros, que pese a ello seguían echando los humos. La parte de atrás de un camioncito estaba abierta y despedía humos aunque se hallaba seca. El agua parecía inhibir los humos: de tratarse de vapor de agua, debería esperarse lo contrario. Y si el problema era que los escombros estaban aún calientes (¿seis meses y muchas lluvias después del 11-S?), ¿por qué no los pasaron por la manguera antes de tratarlos con los sistemas hidráulicos?.

· Trabajadores y catorce perros de rescate fallecieron después de la catástrofe, demasiado pronto como para deberse a asbestos.

EL EFECTO HUTCHINSON

Judy Wood entonces observa que toda esta evidencia es consistente con el empleo de un arma que localizase un haz de energía en la Torre de modo que se produjera, a escala grande y horrorosamente destructiva, el “efecto Hutchison”, llamado con el nombre del excéntrico inventor canadiense que lo observó en su laboratorio doméstico con muestras de metal y ciertos campos electromagnéticos. La tremenda energía necesaria para obrar la hecatombe del 11-S no tendría que provenir del haz en sí: bastaría con que el haz de algún modo actuase sobre la estructura sólida-cristalina o molecular de (algunos de) los materiales de la Torre, de modo que éstos activasen la energía del punto cero que llena todo el espacio, y que bien podría ser infinita en densidad. Como las ondas milimétricas que la policía o cuerpos militares usan para contener a manifestantes, pero de modo espeluznantemente letal, el haz de energía dirigida, confinado a las Torres Gemelas, explicaría el apremio de las personas atrapadas en el interior por salir afuera del edificio, con la casi certeza de tirarse al vacío, y por quitarse la ropa mojada, pues el agua amplificaría tales microondas insoportables.

Las explicaciones de la destrucción de las Torres Gemelas basadas en termita o explosivos convencionales, popularizadas por Steven Jones y otros en sintonía, son insuficientes y, de hecho, sirven para obnubilar. Judy Wood explica que haber encontrado “restos de termita” o derivados en el polvo flotante tras el 11-S no quiere decir nada, pues la termita es básicamente aluminio con óxidos de hierro, compuestos nada raros en muestras procedentes de unas Torres hechas en buena parte de hierro y aluminio. Judy Wood y Morgan Reynolds explican que se necesitarían miles de botes grandes de termita detonados en secuencia con precisión computarizada para abatir las Torres, y argumentan que, puesto que éstos deberían de ubicarse prácticamente en cada piso, se necesitarían más de cien frecuencias de radio diferentes.

Incluso la idea propuesta por Dimitri Khalezov, y supongo que promovida por Daniel Estulin, de que el subsuelo o sótano del World Trade Center estaba pre-configurado para la colocación de explosivos nucleares es más que cuestionable. Tal configuración letal tendría que haberse preparado mucho antes del 11-S, y las conexiones para las supuestas bombas se deterioran con el tiempo si no se usan. La posibilidad de que en el 11-S se empleasen “armas mini-nucleares” viola lo que sabemos de física convencional, que estipula que una bomba nuclear precisa de una masa fisible crítica mínima. Si en ese espantoso día se desencadenaron procesos nucleares, éstos serían de tipo no-convencional, léase, como la “fusión fría” (en la que yo hice personalmente investigaciones en la Universidad Estatal de Pórtland y que bien puedo atestiguar que es real y funciona), llamada más correctamente reacciones nucleares de baja energía. Existe una interconexión entre las llamadas “energías libres” (principalmente basadas en el acceso a la ubicua energía del punto cero), las reacciones nucleares de baja energía (a menudo con transmutación comprobada de elementos) y el efecto Hutchison.

LA ENERGÍA ILIMITADA

Y es que lo que está en juego es aún más serio que el elucidar quién de verdad perpetró el 11-S. Lo que está en juego es la noción de energía ilimitada (o al menos tan ilimitada como la integral de modos electromagnéticos del campo del punto cero), sin peligro (¡salvo por uso maligno!) ni daño medioambiental y, una vez hecha la adaptación de los sistemas para uso civil e industrial, esencialmente gratuita: ÉSTA es la energía que se nos ofrece si las horripilantes fuerzas que se desataron bélicamente el 11-S bajo la falsa bandera del “terrorismo islámico extremista” se empleasen para la paz, la prosperidad, y la regeneración de la vida en la Tierra. Tal energía gratuita para uso civil es el PAVOR de los poderes ocultos y ya no tan ocultos que controlan el sistema financiero actual, y de hecho estos poderes temen la revelación de esta energía AÚN MÁS de lo que temen el esclarecimiento de la verdad del 11-S. Es por ello por lo que dichos poderes han procurado infiltrar y hasta secuestrar el llamado “movimiento por la verdad del 11-S”, utilizando las armas de guerra psicológica rutinarias del engañar, confundir y dividir, y las dotes pícaras y ladinas de gente como Steven Jones, que ya hizo un “trabajo sucio” parecido en 1989 desestimando el explosivo anuncio original de la fusión fría de Martin Fleischmann y Stanley Pons. El ostracismo al que se le ha condenado a Judy Wood dentro de este movimiento “por la verdad del 11-S” (ya no digamos dentro de la esfera de los medios oficiales de comunicación), responde a esta operación psicológica. Mi amigo Andrew Johnson ha documentado cuidadosamente las argucias de diversas personalidades dentro de los medios “alternativos”, por silenciar o caricaturizar los hallazgos impactantes de Judy Wood. Un censor sutil es Jim Fetzer, que se las daba de seguidor de Judy Wood,… hasta que ésta empezó a percatarse de los paralelismos físicos entre los fenómenos físicos que tuvieron lugar el 11-S y los registrados por John Hutchison en su laboratorio. (Los efectos que John Hutchison observó en su laboratorio casero atrajeron el interés de destacados agentes militares estadounidenses y canadienses, entre los que figuró John Alexander, el individuo más siniestro con quien me he topado en mi vida, apodado el Doctor de la Muerte. El gobierno canadiense consideró los experimentos de Hutchison materia de “Seguridad Nacional”).


EL MEGA HAZ DE ENERGÍA

Una pregunta en mente de alguno será desde dónde se disparó el supuesto mega-haz de energía, dirigida contra las Torres, si la tesis de Judy Wood es cierta. La respuesta más probable es desde órbita. Avances súper-secretos en tecnologías de interferencia y electromagnetismo escalar, como reseña Tom Bearden, permitirían actuar contra un objetivo a distancia sin incinerar ni afectar visiblemente la atmósfera u otros objetos en el camino, produciendo tan sólo algunos “efectos de campo” colaterales, como los llama Judy Wood, tales como el huracán, las anomalías magnéticas o los coches selectivamente fritos. De este modo, puede que hasta el término “haz” sea inadecuado para describir tal pulso localizado de energía.

La reticencia de los activistas bienintencionados del Movimiento por la Verdad del 11-S por admitir las tesis de Judy Wood es comprensible: según apuntaba yo al comienzo de este artículo, ya es labor bastante titánica convencer a la gente del engaño atroz, mega-criminal y despiadado perpetrado por los gobiernos y medios de comunicación principales con la versión oficial del 11-S, como para encima tener que estirar aún más el umbral de apertura mental de esta gente ordinaria, tan sugestionada, con nociones extrañas de energía libre, efecto Hutchison, fusión fría y anti-gravedad. De ahí que la estrategia de quienes han tratado de secuestrar el Movimiento se haya orientado recientemente a encasillar a Judy Wood aún más en las zonas marginales del debate, asociándola con imágenes y caricaturas peripatéticas de torsiones espaciotemporales, fuerzas de otra dimensión, rayos de la muerte de Flash Gordon y hombrecillos verdes. De nuevo, no niego en absoluto la posibilidad de distorsiones en el espaciotiempo, fenómenos interdimensionales, OVNIs o cosas así, pero estoy bastante seguro de que, si algo de esto ocurrió el 11-S (ignoro los detalles de si el acceso a la energía del punto cero altera localmente la curvatura del espaciotiempo o si se acopla en alguna medida a otra dimensión), en cualquier caso no es justo parodiarlo como una quimera fantasiosa de cómic de superhéroes, pues aconteció bajo las órdenes de individuos muy reales y físicos; nacidos, aunque mal, en la Tierra; pragmáticos y sin entrañas; con tez bastante blanca salvo algún caso; previsiblemente con alguna cana y uniforme; y desde luego con consumada experiencia de mandar a cuerpos de ingenieros y personal militar, y con poco tiempo para sandeces. Lo que realmente ocurrió fue un vil y masivo crimen de guerra sin precedentes que utilizó armas de energía dirigida de las más clasificadas y sofisticadas en el arsenal negro de la insaciable tarasca de defensa estadounidense, con objeto de crear el nuevo bu-ogro del siglo XXI, el coco del “terrorismo islámico”, y de justificar las nuevas invasiones imperiales planeadas y la consolidación del Estado Policial en EE.UU. e incluso fuera, como bien sabemos todos.


(*) Conrado Salas Cano es zaragozano. Estudió Física en el California Institute of Technology y posteriormente, en la Portland State University, hizo un máster y una tesis sobre la fusión fría.

(Fuente: http://www.narom.org/11S%20Magos%20Cosechas.html)

Si el 11-S cambió el mundo no fue solo por las consecuencias de los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono, sino también porque presenciamos el primer ataque militar usando energías hasta ahora ignoradas por el ciudadano medio, así como la primera escenificación del proyecto "Blue Beam" (proyección de hologramas para sugestionar a las masas). Han tenido que pasar diez años para que una investigadora tenaz ponga las cartas boca arriba. Ahora es el momento de difundir la verdad.


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