lunes, 15 de agosto de 2011

SINCRONICIDAD (2)

Volviendo al tema de las coincidencias inexplicables, traigo a colación mi caso de sincronicidad favorito -de hecho, una doble sincronicidad-, que tiene por protagonistas a dos gigantes de la ciencia como Galileo y Kepler.

Es un hecho sólo conocido por los especialistas en la obra científica de Galileo que éste encriptaba sus hallazgos al comunicarlos por carta al embajador de los Médicis en Praga, previendo así la posibilidad de que llegaran a manos de su riva, Kepler, antes de que pudiera reivindicarlos. Leámos como expone este fascinante caso Carlo Frabetti en su obra "Los jardínes cifrados":

LOS ANAGRAMAS DE GALILEO

En agosto de 1610, Galileo envió un mensaje secreto al embajador toscano en Praga, Julián de Medicis. El texto, una incomprensible secuencia de treinta y siete letras (aunque de la 13 a la 17 se lea la palabra «poeta»), anagrama de la frase que anunciaba su último descubrimiento astronómico, era el siguiente:

SMAISMRMILMEPOETALEUMIBUNENUGTTAURIAS

Con este artificio, Galileo salvaguardaba la paternidad de su descubrimiento sin revelarlo abiertamente, cosa que no hizo hasta tres meses más tarde. El. significado oculto de su mensaje era:

ALTISSIMUM PLANETAM TERGEMINUM OBSERVAVI

(He observado el planeta más alto en triple forma)

El planeta más alto era Saturno (Urano, Neptuno y Plutón aún no habían sido descubiertos), y Galileo, a causa de la insuficiente potencia de su telescopio, había tomado los extremos de su anillo por un par de satélites.
Mientras tanto, Kepler había intentado descifrar el anagrama y llegado a una solución que él mismo calificó de "bárbaro verso latino":

SALVE UMBISTINEUM GEMINATUM MAETIA PROLES
(Salve, furiosos gemelos, prole de Marte)

Así, Kepler llegó a la conclusión de que Galileo había descubierto un par de satélites marcianos. Lo asombroso del caso es que, como hoy sabernos, Marte tiene, efectivamente, dos pequeñas lunas; pero ni Kepler ni Galileo podían tener la menor idea de su existencia, pues para distinguirlas habrían necesitado un telescopio muchísimo más potente que los de la época (de hecho, no fueron descubiertas hasta 1877). Y esto no es sino la mitad de la historia. En diciembre de ese mismo año, Galileo envió otro anagrama a Julián de Médicis. Esta vez era una frase inteligible:

HAEC IMMATURA A ME IAM FRUSTRA LEGUNTUEOY

Un mes más tarde, Galileo reveló al embajador la solución del anagrama:

CYNTHIAE FIGURAS AEMULATUR MATER AMORUM

(La madre del amor emula las formas de Cynthia)

La "mater amorum" era, naturalmente, Venus, y Cynthia, la Luna. Galileo había descubierto que el segundo planeta mostraba unas fases cíclicas análogas a las lunares (lo cual constituía una prueba de que giraba en torno al Sol).

También en este caso había intentado Kepler descifrar el anagrama, y otra vez había hallado una solución distinta:

MACULA RUFA IN IOVE EST GYRATUR MATHEM, ETC.
(En Júpiter hay una mancha roja que gira matemáticamente)

¡Y de nuevo la «falsa» solución de Kepler resultaba verdadera! En Júpiter hay efectivamente, una gran mancha roja que gira de forma regular, «matemática», y que no sería descubierta hasta 1885 —casi tres siglos después—, cuando se perfeccionó el telescopio reflector de Newton.
¿Cómo explicar esta doble coincidencia? La probabilidad de que un anagrama de más de treinta letras admita por puro azar una segunda reordenación significativa, y que ese significado "intruso" se corresponda con un hecho real desconocido en el momento de redactar y descifrar el mensaje, es tan pequeña que obliga a pensar en una explicación oculta. Y que ello ocurra dos veces seguidas roza lo milagroso.

1 comentario:

  1. Interesantisimo tema, no sabia de la existencia de los anagramas, pero ahora que conozco el tema me parece fascinante, lo peor de esto es que tambien se abren mas incognitas...ya son demasiadas!!!

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