martes, 7 de junio de 2011

HACEN COMO SI NO SE ENTERARAN

Dice Rajoy que "es fácil descalificar a los políticos". Lo inexplicable sería saber en qué privilegiada casta se han convertido y hacer como si no pasara nada. Lo incomprensible sería no sentir asco por como arropan a corruptos y criminales. Los políticos dicen ser nuestros empleados; pues bien, ha llegado la hora de rescindir su contrato. No tienen ningún derecho a imponernos sus condiciones. No han cumplido su parte. Estos "servidores" que viajan en primera clase, que cobran sueldos de privilegio y dietas abultadísimas, que se aseguran la pensión máxima mientras anuncian que para los demás cotizantes no hay esperanza alguna, NO NOS REPRESENTAN. Son un club de aprovechados que no tenemos por qué mantener. Son parásitos sin cualificación, más allá de decir "Amén" a sus líderes y votar disciplinadamente lo que les ordenan desde una antidemocrática "disciplina de partido". Verles accionar el botón de voto en el Parlamento es lo más parecido a ver a una cobaya de laboratorio obedeciendo las instrucciones conductuales recibidas. Que se vacíen los bolsillos y se vayan. Han saqueado el país por el que decían trabajar, han defraudado la confianza de tantos millones de votantes esperanzados, han pervertido la palabra "democracia" construyendo bajo el prestigio que el término tuvo un juego trucado en el que ellos siempre ganan y los ciudadanos perdemos. La oligarquía de partidos al servicio de la banca no es una DEMOCRACIA. Votar listas cerradas no es DEMOCRACIA. Firmar un cheque en blanco cada cuatro años a unos listillos no es DEMOCRACIA.
Ha llegado la hora del cambio real. La hora en que los ciudadanos tomemos conciencia de nuestro poder REAL, bien distinto del "VOTA Y CALLA" que nos han vendido, la hora de denunciar consignas radicalmente falsas como ese "EL QUE NO VOTA NO TIENE DERECHO A QUEJARSE" que nos han querido grabar en la mente, ahorrándose exponer en qué extraño razonamiento se podría apoyar. No, señores: quien vote al PPSOE que luego no se queje, porque ya no vale alegar ignorancia. Votar a los grandes partidos es un acto de masoquismo y de sumisión. Votarles es apoyar su mentira. Votarles es aceptar que somos una ciudadanía analfabeta y sin criterio.


¿Lo somos?

La alternativa es clara: no les votemos, echémosles.

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